Nuria Fernández/Jaén
Jaén es una potencia micológica y, como cada año desde hace veintiuno, la asociación Lactarius hizo una demostración de las variedades que crecen en sus bosques y pastizales. Aunque este otoño no ha sido especialmente bueno, el turismo micológico se intuye como una excelente oportunidad de negocio.
Decenas de aficionados a los hongos se acercaron, ayer, hasta la XXI Exposición de Setas y Plantas de Jaén, organizada por la Asociación Micológica Lactarius. Sobre los expositores, cientos de especies debidamente catalogadas y, todas ellas, arrancadas de los prados y bosques jiennenses. Eso que este otoño no ha sido bueno por la falta de lluvia. “En la provincia tenemos una inmensa diversidad de hongos. Nuestro hándicap es climatológico, pues muchas temporadas no son lo suficientemente húmedas, como esta”, explica Luis Ruiz Valenzuela, profesor de Botánica de la Universidad de Jaén y miembro de la Asociación Micológica Lactarius. Pero en toda esta variedad existe una estrella: los níscalos, muy abundantes en las zonas con pinares y tan apreciados desde el punto de vista gastronómico que hay quienes se desplazan desde Cataluña para recogerlos y comercializar con ellos. Este año no ha podido ser. La seta de cardo y los champiñones también son muy apreciados por los pucheros jiennenses, y abundan en pastizales de alta montaña.
Pero en los expositores figuraban también especies no comestibles e, incluso, ejemplares de las más venenosas, como la Amanita phalloides, responsable de la mayoría de las muertes por envenenamiento y que también está muy extendida. Otra curiosa es la Coprinus comatus, más conocida como “barbuda” y que se puede identificar por su forma de falo. “No es muy apreciada por la ‘pinta’ que tiene, pero tiene unas propiedades culinarias excelentes”, explica Ruiz Valenzuela. Su particularidad es que convierte sus esporas en una especie de tinta que se ha llegado a utilizar para escribir en alguna ocasión. Los jiennenses podrían aprovechar el potencial micológico de sus bosques. En la actualidad se comercia con algunas especies, las más apreciadas, en pequeñas lonjas. Donde sí hay un buen nicho de negocio es en el turismo micológico, según el experto. “Es una afición en auge, ya que viene gente desde muy lejos sólo para recoger setas”, expresa. Ya no sólo por el valor culinario, sino por el mismo placer de buscar.
El doctor en Farmacia y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) Fernando Esteve-Raventós ofreció, además, una conferencia titulada “Los hongos en las áreas alpinas y boreales, diversidad y adaptaciones ecológicas”, a la que asistió un nutrido grupo de aficionados.
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