David Fernández y Carlos Chamarro aterrizan en Jaén con la comedia “Mitad y Mitad”
Los protagonistas desvelan algunos detalles de esta historia de hermanos, herencias y miserias compartidas
LA ENTREVISTA
Hay parejas escénicas que se construyen a base de ensayo y otras que ya llegan hechas de casa. David Fernández y Carlos Chamarro pertenecen claramente al segundo grupo. Este sábado 25 de abril aterrizan en el Teatro Infanta Leonor de Jaén con “Mitad y Mitad”, la comedia firmada por Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez, dirigida por Sara Pérez y con producción del jiennense Michi Vílchez. Una historia de hermanos, herencias y miserias compartidas que se sostiene casi exclusivamente en el pulso interpretativo de sus dos protagonistas. Y ahí está la clave: se conocen tanto que apenas han tenido que “fabricar” esa relación de sangre que exige el guion. Fernández —inolvidable Chiquilicuatre en Eurovisión— y Chamarro juegan sobre el escenario con una complicidad previa que se traduce en ritmo, ironía y una química que llena de energía la función.
—“Mitad y Mitad” es una comedia muy exitosa. ¿Cómo se involucraron en este proyecto?
—(David Fernández) El proyecto llegó a través del productor, que llevaba tiempo con la obra en mente. Además, yo ya estaba trabajando con Jordi Sánchez, que es el autor junto a Pep Anton Gómez, y a partir de ahí surgió todo. Nos leímos el texto y nos gustó mucho desde el principio. Es una función que tiene años, de principios de los 2000, así que también hemos hecho una pequeña adaptación para darle más ritmo y actualizar algunos aspectos. Creemos que va a ser una comedia muy divertida.
—La obra parte de una premisa muy llamativa, pero ¿qué hay realmente en ella, existe trasfondo?
—(DF) Sí, puede parecer que todo gira en torno a ese punto de intentar matar a la madre, que suena muy fuerte, pero en realidad la obra habla de muchas más cosas. Sobre todo de las relaciones familiares, de las herencias, de esos conflictos que surgen cuando entra el dinero en juego. Es algo muy reconocible, porque en muchas familias hay cariño, pero también rencores y tensiones que salen a la superficie en determinadas situaciones.
—¿Cómo definirían a sus personajes y la relación entre ellos?
—(DF) Lo interesante es que mi personaje parece al principio el más inocente, el más “blando”, pero poco a poco se ve que no es tan diferente del otro. Esa evolución es lo que más me gusta, porque demuestra que ninguno es completamente bueno.
(Carlos Chamarro) Exacto. Son personajes bastante opuestos en apariencia, pero en el fondo tienen muchas similitudes. Son hermanos, aunque de distinto padre, y eso ya marca una relación compleja. Mi personaje es más fuerte, más directo, mientras que el suyo parece más ingenuo, pero ambos esconden cosas. Esa tensión es la que sostiene la función.
—La obra está sostenida prácticamente por dos actores en escena. ¿Crea esto mayor conexión con el público o dificulta el trabajo?
—(DF) Muchísimo. Aquí no hay escapatoria: o estamos bien los dos o la función no funciona. Eso exige un nivel de intensidad y de ritmo muy alto. En una obra coral puedes apoyarte más en el conjunto, pero aquí todo recae sobre nosotros, y eso también es un reto muy bonito.
—(CC) Es una responsabilidad grande, pero también estimulante. Esa cercanía hace que el público se meta mucho más en la historia.
—El estreno será en Jaén, en el Teatro Infanta Leonor. ¿Qué supone para ustedes?
—(CC) Es algo especial, porque el productor, Michi Vílchez, es de aquí y tenía claro que quería estrenar en su tierra. Eso siempre le da un valor añadido.
—(DF) Sí, además es una ciudad que nos encanta. Estrenar aquí es una forma de arrancar con mucha energía y, ojalá, iniciar una gira larga.