Tal día como hoy en 2002 publicábamos: “Yo no soy ninguna heroína, soy madre”

La historia de Justa Ruiz, una baezana que logró justicia tras catorce años de lucha personal y judicial

18 ene 2026 / 17:27 H.
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Tal y como publicó este periódico hace veinticuatro años, el 18 de enero de 2002, Justa Ruiz Cabrera, una mujer de Baeza sonreía sin rencor, con la serenidad de quien por fin ha cerrado una herida abierta durante más de una década. Tras catorce años de batalla, el Tribunal Supremo confirmaba la sentencia de la Audiencia Provincial que condenaba a cuatro años de prisión a su antiguo abogado, Ezequiel Daza Bonachela, por apropiarse de doce millones de pesetas de una indemnización que le correspondía. Además, la aseguradora del Colegio de Abogados debía abonarle la cantidad robada.

Justa no celebraba el dinero —que, sumando intereses, ascendía a unos veinte millones de pesetas—, sino la justicia alcanzada. “Ahora mi meta es seguir adelante con mi vida, pero con un duro problema menos”, relataba entonces, satisfecha y en paz consigo misma. La indemnización procedía de la muerte de su marido en un accidente de tráfico, el primer golpe de una vida marcada por la adversidad. Con solo 22 años, tímida y con un hijo de 21 meses, tuvo que aprender a resistir. Se marchó a Castellón en busca de trabajo, pasó dos años lejos de su querida Baeza y, cuando empezaba a levantar cabeza, descubrió que su abogado se había quedado con su dinero. Durante años confió en él, creyendo que la lentitud de la Justicia era algo normal.

“No soy ninguna heroína, soy madre”, afirmaba con rotundidad. Reconocía que sin su hijo no habría tenido fuerzas para seguir luchando. Pensó muchas veces en rendirse, pero no lo hizo. “Me siento orgullosa de haber sacado mi casa y mi hijo adelante”, decía, consciente de que uno no sabe de lo que es capaz hasta que la vida lo pone a prueba. En ese camino apareció el abogado Javier Pulido, a quien Justa definía como todo lo contrario a su anterior letrado: honrado, cercano y entregado a su caso. Gracias a él, ganó una batalla que parecía destinada a perderse.

Su mensaje final era claro y sigue vigente hoy: no rendirse. “Cuando uno tiene la razón, se consigue”, decía entonces una mujer que, sin proclamarse heroína, demostró que la fortaleza cotidiana también hace historia.

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