Patricio Sánchez, artesano y agricultor: “Mi pasión de siempre fue tener un caballo”

Diario JAÉN, a diez días de su 85 Aniversario, recopila diez historias de personas anónimas procedentes de las distintas comarcas. Hoy, El Condado

29 mar 2026 / 09:57 H.
Ver comentarios

Nunca se sabe lo que la vida le va a deparar a uno, ni las esperadas alegrías ni las tristes penas vienen con preaviso. Depende del signo vital que habita en cada uno, se sobrelleva mejor o peor los reveses que tiene preparado el destino. La historia del arquillero Patricio Sánchez García podría parecerse mucho a la de otras miles de personas que viven en esta provincia, un hombre que desde que prácticamente echó a andar se ha dedicado en cuerpo y alma al trabajo, al campo, sin medias tintas. Pero sí que hay diferencias en su trayectoria vital en comparación. Un ejemplo de resiliencia y fortaleza contra el cáncer a través del trabajo del cuero y su amor por los caballos, un resquicio de esperanza en los momentos más oscuros.

A día de hoy, Patricio puede decir que ha tenido dos vidas: una antes de la enfermedad y otra después. A los 41 años, de los 67 (casi 68) que tiene, le detectaron un linfoma folicular en el cuello, por el cual le tuvieron que operar y del cual tuvo una recuperación dolorosa, pero no solo en lo físico, su herida más profunda fue mental. “Yo no podía trabajar, y menos al sol, porque el sol era muy malo para la recuperación. Pero no tenía más alternativa y, cuando me dieron el alta, me puse a trabajar. Y no podía. Entonces me vio el alcalde (Francisco Bayona) y me mandó a mi casa, Yo me tiré un año sin trabajar, que no entraba ni una peseta a mi casa, con dos hijos chiquitillos”, señala con emoción Sánchez. Y tampoco tuvo derecho al subsidio de baja por enfermedad: “Yo fui a la Seguridad Social, con toda mi ignorancia, que tú caías malo, pagabas tu sello y ya estaba la paga. Después de estar trabajando toda la vida...”, enfatiza el arquillero.

“Cuando a mí me detectaron el cáncer, mi sueño era poder tener un caballo. Mi mujer me regaló una potra y así empecé también trabajando el cuero, haciendo cinchas, pechopetrales, cabezadas... Yo he aprendido de manera autodidacta con esto”

Aún con el alta médica, la situación le desesperaba y ahí comenzó a centrarse en su gran pasión. “Cuando yo caí malo, mi pasión de siempre fue tener un caballo, entonces mi mujer me compró una potrilla árabe, Revoltosa. Yo me consolaba sacándola a las cinco de la mañana hasta las diez, cuando ya salía el sol, que me iba a mi casa, y luego a las diez de la noche hasta las doce o las una, porque no podía darme el sol. Ya compré libros de doma y, poco a poco, la fui domando yo solo. Pero la tuve que vender porque no tenía para darle de comer”, lamenta. En ese momento fue cuando comenzó a trabajar el cuero, también de manera autodidacta, primero haciendo fundas de navaja “que les hacía los agujeros con sacabocados y las cosía con cordón”. “Eran muy rústicas”, incide. Así siguió hasta que decidió vender un coche que tenía por 600 euros y una máquina de coser. “Luego también me dieron dos máquinas que las iban a tirar a un desguace, un hombre manchego le puso un motor y empecé a coser con ella”.

Patricio Sánchez, artesano y agricultor: “Mi pasión de siempre fue tener un caballo”

Así, profundiza en sus inicios: “Después de comprarle una cabezada a la potrilla árabe que tenía, pensé en que yo podía hacer eso. Entonces compré cuero en los Biedma y con un cuchillo hice las riendas. Poco a poco vi que me gustaba, que se me daba bien y empecé a comprar herramientas. Las herramientas son mi locura”. En su aprendizaje en solitario, Patricio empezó a colaborar con el picadero de Arquillos haciéndole algunos encargos: cabezadas, pechopetrales, cinchas, cabezones de cuadra... “Todo eso lo he hecho mirando tutoriales por internet, poco a poco”, señala.

“Cambié un coche que tenía por una máquina de coser y 600 euros, y así comencé yo a hacer trabajos en cuero”

Aunque ni trabaja por encargo ni lo que hace, a veces lo cobra: “Yo solo hago cosas a la gente que conozco, a mis amigos. A veces solo cobro los materiales o ni eso. Por ejemplo, a los del picadero nunca les he cobrado nada o casi nada. Y con estas cosas pasan lo que pasa siempre, se recoge lo que se siembra. Cuando me quedé sin el segundo potro que tuve, yo no tenía posibles para comprar otro, entonces los del picadero me dieron uno, llegamos allí y me dieron a elegir. Yo esto nunca lo he hecho por vender o hacerme rico, si hubiese nacido para rico ya lo sería, yo lo hago porque me nace así del corazón”.

Y se puede dar fe de aquello que dice, pues en Arquillos todo el mundo lo conoce y habla bien de Patricio, quien desde hace años ya es un referente en el mundo caballista del municipio, ya sea por su afición a los caballos o por los trabajos de cuero que ha repartido a una gran parte de los vecinos arquilleros. Y también lo demuestra su casa, llena de cinchas, cabezadas (también hechas con cuerda) y muchas cosas más. En un cuarto que tiene únicamente destinado a esta tarea, se puede ver lo prolífico de su trabajo y la evolución de sus labores como artesano autodidacta. También cintos y llaveros que ha regalado a los niños arquilleros “para que se acuerden de mí, porque uno muere cuando nadie se acuerda de él”, subraya.

Patricio Sánchez, artesano y agricultor: “Mi pasión de siempre fue tener un caballo”

En el ordenado caos que reina en el cuarto donde guarda sus trabajos, comienza a enumerar y enseñar sus obras más preciadas, como las delanteras de trabajo que se hizo y que le llevaron muchas horas de trabajo y 2.247 puntos “todo hecho a mano, cortado y cosido a mano con piel de becerro engrasada y con los hilos de piel de chivo”, señala mientras las dobla con cuidado “porque si no, se agrieta y se rompe”.

También cuernos, portacapotes, fundas grabadas de machetes y un sinfín de recortes de pieles, entre los que se encuentran de búfalo africano y de cebra: “Los de la peletería me van dando algunas pieles que les van sobrando o de algunos safaris que les llegan. He hecho fundas de navaja de piel de cebra y me han dado piel de búfalo de 8 milímetros, pero eso es muy complicado, para hacerle un agujero te ves negro”, indica entre risas el arquillero. Algunas prendas de vestimenta también ha realizado, como un chaleco hecho de cuero de chivo o cinturones grabados con los nombres de aquellos quienes se los encargan. Pero todo ello siempre enfocado a las indumentarias de los caballos, como los mosqueros que realiza con las crines de los propios equinos y que guarda como oro en paño. De todos los que ha realizado, guarda cinco o seis que no vende “por nada”. “Me han llegado a ofrecer hasta 300 euros por alguno de estos mosqueros y no los he vendido”, enfatiza Patricio sosteniendo uno de ellos.

Patricio Sánchez, artesano y agricultor: “Mi pasión de siempre fue tener un caballo”

Aún así, no tiene apego por lo material, “sobre todo cuando llegue el final”. “Mis hijos me dicen que cuando me muera lo van a tirar todo, que qué hacen con eso, y llevan razón. Como a mí, que me quemen, que yo no quiero molestar, una vez que no esté que hagan lo que quieran” comenta entre risas.Un ejemplo de que siempre hay una salvación posible y de que nunca es tarde para iniciar un camino nacido de la pasión. Casi treinta años de aprendizaje continuo y solitario, siempre de la mano de la curiosidad y de la dedicación hacia los caballos y el cuero, con una recompensa que vale más que el dinero.

Provincia