15 feb 2026 / 00:01 H.
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Crónica de las inundaciones históricas más significativas registradas en la provincia

Kristin, Leonardo, Marta, Nils... El tren de borrascas que desde enero azota la provincia de Jaén ha causado daños millonarios y ha dejado lluvias excepcionales en la provincia. En Sierra Sur, Mágina, Cazorla y Segura se han batido récords. En 25 días han caído más de 800 litros por metro cuadrado, según José David del Moral, autor del estudio “Evolución de las inundaciones en la Cuenca Hidrográfica del Guadalquivir desde el siglo XX” y vocal por Jaén de la Asociación Meteorológica del Sureste (Ametse). Sin embargo, aunque parece que hemos vivido lo nunca visto, Jaén ha sufrido a lo largo de su historia otras precipitaciones, inundaciones, riadas, tormentas y diluvios que han pasado a la historia. De hecho, algunos expertos aseguran que en Jaén llueve igual que llovía hace trescientos o cuatrocientos años. “Aquí las precipitaciones están sujetas a un fenómeno que se llama oscilación del Norte. Es muy caótico y por eso el número de borrascas que nos afectan al año y su magnitud es muy variable porque se trata de un fenómeno impredecible”, afirma Antonio David Pozo Vázquez, catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Jaén (UJA). Y si esto viene de lejos, es normal que la historia de Jaén esté llena de fenómenos inauditos similares a los que hemos vivido estos días. Antes no tenían nombres. Ni Leonardo, ni Kristin... Pero causaban los mismos desastres que ahora. Este es un pequeño repaso, a vista de retrovisor, de otros momentos en los que Jaén vio santos arrastrados por el agua, pueblos sumidos en la miseria por tormentas torrenciales, carros de aceite zarandeados por las corrientes, mulos arrastrados por riadas, ataúdes flotando sobre las corrientes y vecinos trepados en las azoteas, llorando bajo la lluvia.

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1694: El diluvio de Cazorla

Cazorla siempre fue hasta los años 50 del siglo XX un sitio proclive a las inundaciones por la proximidad a la sierra y la presencia del río Cerezuelo. Durante los siglos XVII y XVIII sufrió varios fenómenos de este tipo, pero el más grave es el que ocurrió el 2 de junio de 1694. Ese día los cielos se abrieron y descargaron una tormenta torrencial que duró poco más de una hora. Fue lo que en Cazorla aún se recuerda como “El diluvio”. Así quedó grabado en los muros de la iglesia de Santa María, para recuerdo de generaciones venideras. De hecho, esa inscripción sobre piedra marca la altura que alcanzó el agua aquella fatídica jornada. Y es que, debido a su orografía, la riada bajó con violencia por el río Cerezuelo, que transcurre por debajo de la Plaza de Santa María a través de una gran bóveda cuya entrada quedó taponada por los troncos y rocas arrastrados por la corriente y, al no poder avanzar por su cauce subterráneo, el nivel del agua subió varios metros. La plaza y la Iglesia de Santa María quedaron inundadas. Cuentan las crónicas de la época que la fuerza del agua derribo los muros de la sacristía y arrastró tesoros, mobiliario y archivos parroquiales. Hubo 67 víctimas mortales e importantes daños en la Fuente de las Cadenas y en la antigua Casa Consistorial. La imagen de la patrona, la Virgen de la Cabeza, fue arrastrada por la corriente, mientras que el Santo Cristo del Consuelo “se sacó al otro día mojado hasta la mitad y herido de las piedras”. Según el relato del cronista Baltasar del Castillo, se perdió plata por valor de 10.000 ducados y más de 50 sacerdotes quedaron sin ornamentos para ejercer su ministerio. Un auténtico desastre.

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1863: Las tormentas de la miseria

En torno a 1860 se produjeron bastantes inundaciones que asolaron muchos municipios de sierra, como relatan Francisco Miguel Arénaga y José Antonio Serrano en su artículo “Las adversidades de la provincia de Jaén: plagas y calamidades, su respuesta”, publicado en el Boletín del Instituto de Estudios Giennenses. Así ocurrió con Beas de Segura, que sufrió graves inundaciones en 1858. El río se desbordó y se llevó por delante un barrio del pueblo. Pero lo peor llegó en el verano de 1863 cuando varias tormentas torrenciales causaron numerosos daños a nivel provincial. Según las noticias publicadas entonces, el fenómeno, que dejó a varios pueblos “reducidos a la más extrema miseria”, afectó a Villacarrillo, Villanueva del Arzobispo, Génave, Beas, Iznatoraf, Torreperogil y a la campiña de Úbeda. Todo empezó con un “huracán furioso” que arrancó encinas, olivos y pinos. Luego, entre cuatro y cinco de la tarde, el cielo se oscureció y cayó “una copiosa lluvia acompañada de gruesas piedras, algunas hasta de ocho onzas” generando el espanto de los vecinos y la “destrucción más completa de los campos y de los edificios”. La nube duró solo unos doce minutos, pero destruyó todo: mieses, olivos, viñas, edificios y barbechos.

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1926: Beas de Segura

Durante el siglo XX, Jaén ha experimentado varias inundaciones graves debidas a lluvias intensas. Una de las más significativas fue la registradas en Beas de Segura en octubre de 1926. Es uno de los desastres más antiguos documentados gráficamente. El corresponsal de El Pueblo Católico relataba el 23 de octubre que, “a consecuencia de una gran crecida, se desbordó el río que discurre por el pueblo de Beas de Segura, inundando las aguas las casas situadas en los márgenes del río en una longitud de más de un kilómetro, de un extremo a otro del pueblo”. Tras informar por telegrama al gobernador de la provincia, se desplazó al pueblo un ingeniero para evaluar los daños, estimados aproximadamente en un millón de pesetas. Las investigaciones concluyeron que la inundación se debió al arrastre de fango desde los torrentes al río Beas, que elevó el lecho unos dos metros. También contribuyó una inmensa manga de agua originada en las zonas de Cañada-Catena y Buenamar que se desbordó precipitándose sobre el pueblo, obturando sus puentes y provocando el desbordamiento dejando la localidad totalmente inundada, “alcanzando algunos sitios las aguas la altura de tres metros” con lo que “los vecinos se vieron obligados a buscar refugio en las azoteas”, según recogía el Telegrama del Rif el 24 de octubre. Las aguas arrastraron carros cargados de aceite, arroz y habas, pero no se registraron víctimas

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1931: Linares

Linares ha sufrido algunas riadas importantes a lo largo de su historia. Con la de 1859 las aguas llegaron a la altura del altar mayor inundando la capilla de la Iglesia de San Francisco. La segunda fue el 3 de octubre de 1910 y arrastró el mobiliario y a uno de los mancebos de la farmacia de la calle Viriato, que fue recogido en la plaza de San Francisco. Pero la más espectacular fue la registrada en septiembre de 1931. Cuentan las crónicas de la época que fue tan intensa que los linarenses pudieron ver, por ejemplo, cómo las aguas que venían de la calle Viriato y Sagunto arrastraban flotando los ataúdes que había en la funeraria que hacía esquina entre las calles Peral y Ventanas. En este caso sí hubo fallecidos por el suceso. El dueño de un coche de alquiler murió ahogado y su cuerpo fue arrastrado hasta El Lugarillo. Seis años después, en plena Guerra Civil, se registraron en Jaén capital unas lluvias extremas que provocaron riadas históricas. Los registros hablan que cayeron 258 litros por metro cuadrado en un solo mes. Es decir, llovió casi la mitad de lo que suele ser normal que llueva en la capital todo un año, cuyo promedio anual ronda los 500 o 600 litros por metro cuadrado. Este suceso ocurrió sólo unas semanas antes del conocido bombardeo a la ciudad, que tuvo lugar el 1 de abril de 1937.

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Años 40: Valdepeñas de Jaén y Pegalajar

Valdepeñas de Jaén sufrió una tremenda tormenta de granizo e inundación de las huertas y parte del pueblo el 28 de agosto de 1940, según relata Serafín Parra, archivero municipal de Valdepeñas y responsable del Molino Museo Santa Ana. “Mi madre -recuerda- me contaba que la tormenta reventó las puertas, ventanas y cristales de las casas porque más que granizo, lo que caía del cielo eran trozos de hielo”. Añade que, en la parte baja del pueblo, el agua hizo mucho destrozo porque se juntaron los dos ríos, Vadillo y Ranera, y se inundaron todas las huertas. El agua llegó a alcanzar los dos metros. “Incluso arrancó de cuajo un cortijo de esas huertas. Y en el pueblo, inundó un molino de harina y otro de aceite que está justo debajo de mi casa”, cuenta Parra. Los daños fueron tan terribles que los valdepeñeros, que tenían grabados en la memoria reciente los desastres de la guerra, decían que el pueblo quedó “como si lo hubieran bombardeado”. Afortunadamente, ese fatídico 28 de agosto no se registró ninguna víctima mortal. Pero sí hubo un fallecido como consecuencia de este desastre. El abuelo de Serafín Parra: “Mi abuelo murió indirectamente por la tormenta porque tuvo un accidente. En el molino, tuvo que desatrancar los cárcavos, se hizo una herida en la pierna, le dio gangrena y a los 6 días se murió”. Por otra parte, el desbordamiento del río Guadalbullón en septiembre de 1949 es uno de los episodios de inundaciones más recordados en la historia de Pegalajar debido a la virulencia de las aguas y los daños causados en las vegas y las infraestructuras de la época. El fenómeno alcanzó su momento crítico el 28 de septiembre, provocando la crecida del río que arrasó infraestructuras hidráulicas, tres puentes, molinos y cultivos en La Cerradura y las vegas del Guadalbullón. Provocó daños severos en la red de acequias y en los muros de contención que regulaban el agua de la Fuente de la Reja y la Charca y en la carretera Jaén-Granada. También, la pérdida total de cosechas en las huertas distribuidas en bancales y daños en molinos aceiteros. Este suceso afectó no sólo a Pegalajar, sino que se enmarcó en unas lluvias torrenciales extraordinarias que afectaron a buena parte del sureste y el levante español.

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Años 90 y 2010: Los Puentes y Llanos del Sotillo

La inundación en la zona de Los Puentes, en Jaén, tuvo lugar el 15 de agosto de 1996. Este suceso, que ha pasado a la historia de la capital por ser una de las catástrofes meteorológicas más graves sufridas por la ciudad, se originó por una tormenta repentina que lanzó más de 100 litros en menos de una hora y provocó el desbordamiento simultáneo de los ríos Eliche y Quiebrajano. El agua subió hasta los dos metros, de forma que muchos tuvieron subirse a los tejados para no morir ahogados. Un centenar de personas tuvieron que ser rescatadas de sus casas. Las pérdidas registradas se cifraron en 64 millones de euros en un suceso que provocó daños en viviendas, enseres, vehículos, infraestructuras agrarias y cultivos. En 2010, la crecida del Guadalquivir, a punto de llegar al Puente Romano, hizo que saltaran todas las alarmas. Los 343 vecinos de la pedanía de Llanos del Sotillo, un poblado de colonización perteneciente a Andújar, tuvieron que ser desalojados porque quedaron sumergidos bajo un metro de agua en apenas 20 minutos. En aquel entonces se dijo que estas fueron las peores inundaciones de su historia, más graves que las de las décadas de los sesenta y los noventa del siglo pasado, que permanecen en la retina de los iliturgitanos porque se anegó la parte baja de la ciudad. Los vecinos emprendieron litigios judiciales que duraron 12 años. Finalmente ganaron porque consiguieron demostrar que el desastre natural provocado por la lluvia se agravó por los desembalses y por la falta de mantenimiento del cauce.

 

 

¿Llueve sobre mojado?

 

1.) El diluvio de Cazorla

Mató a 67 personas, arrastró a la Virgen de la Cabeza y al Santo Cristo del Consuelo y anegó la plaza y la Iglesia de Santa María.

 

2.) Vecinos en las azoteas en Beas de Segura

La inundación de 1926 hizo que las aguas subieran hasta los tres metros de altura por lo que los vecinos se tuvieron que refugiar en las azoteas.

 

3.) Ataúdes flotando en Linares

La riada de 1931 arrastró flotando los ataúdes que había en la funeraria que hacía esquina entre las calles Peral y Ventanas.

 

4.) Como si lo hubieran bombardeado

Una tormenta precipitó trozos de hielo sobre Valdepeñas de Jaén en 1940 dejando el pueblo como si lo hubieran bombardeado.

 

5.) Desbordamiento del Guadalbullón

Pegalajar no olvida el desbordamiento del Guadalbullón de 1949, que arrasó infraestructuras hidráulicas, tres puentes, molinos y cultivos.

 

6.) El desastre de Los Puentes

En 1996, una tormenta repentina precipitó más de cien litros en menos de una hora causando pérdidas cifradas en 64 millones de euros.

 

7.) Una aldea bajo el agua

Llanos del Sotillo quedó sumergida bajo un metro de agua en 2010 debido a la crecida del río Guadalquivir

 

 

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