Siempre operativo

Manuel Fernández Palomino demuestra, ante la acumulación de las borrascas que azotan la provincia, que no hay partidos políticos cuando hay que arrimar el hombro ante los alcaldes

03 feb 2026 / 08:00 H.

El viaje de ida y vuelta a la misa funeral celebrada en Huelva en memoria de las víctimas del trágico accidente ferroviario de Adamuz fue, como copiloto, un no parar de llamadas, mensajes y avisos de alerta ante otra catástrofe, la que dejó la acumulación de precipitaciones en la provincia de Jaén. La noche anterior apenas pudo dormir y, sin embargo, amaneció antes que nunca para un político que sabe cuándo tiene que ponerse y quitarse la corbata. Es de los que están a pie de obra, sin horarios ni fiestas, con miles de kilómetros en la mochila de la experiencia, sin un mal gesto y con determinación y contundencia cuando las cosas se ponen feas. Manuel Fernández Palomino, subdelegado del Gobierno central en Jaén, cumple dos años en un cargo de máxima representatividad sin más búsqueda de medalla que la de cumplir con la encomienda de otro Fernández, Pedro de nombre de pila, cuando sustituyó a Catalina Madueño en la sede de la Plaza de la Concordia: proximidad para escuchar y responder a las demandas de los ciudadanos.

Tiene bagaje político, mano izquierda y afán de unidad. “Estoy aquí para servir a la ciudadanía de Jaén”, dijo en su toma de posesión. Hombre de partido —socialista para más señas—, con sobrada capacidad para capear el temporal interno sin el lujo del pestañeo, para él no hay más que un bando cuando se trata de remar en una dirección, aquella en la que prima el interés general por encima del partidista. Lo demostró en los últimos días con “Joseph” y “Kristin”, las borrascas que tienen en vilo a una tierra poco acostumbrada, en los últimos años, a ver sus pantanos por encima del cincuenta por ciento. Lo mismo que llamó a los alcaldes de Villanueva de la Reina, de Marmolejo o de Mengíbar, descolgó el teléfono para preocuparse por la situación, por ejemplo, de Villacarrillo. De otros representantes institucionales no podrán decir lo mismo aquellos dirigentes municipales que, en plena pandemia de coronavirus, se vieron más solos que una carnicería en un Viernes Santo.

Manuel Fernández Palomino suma cerca de cuatro décadas como servidor y aprende, cada día, con un encargo en el que se siente nuevo, porque nunca tocó el palo de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, harina de otro costal en esto de lo público. Hay quienes dicen, eso sí, que la serenidad con la que lleva las riendas de la Subdelegación del Gobierno central en Jaén sorprende a estas alturas de la película política. Licenciado en Derecho, para quien no le conozca —difícil— es funcionario de carrera de Administración General de la Diputación Provincial de Jaén. Debutó como concejal del Ayuntamiento de Jaén en 2007, con Carmen Peñalver, un cargo que compaginó como diputado provincial de Bienestar Social, Igualdad y Cooperación Internacional y vicepresidente de la Diputación Provincial. En el siguiente mandato repitió experiencia, aunque en la oposición, además de vicepresidente segundo del ayuntamiento de ayuntamientos. Siempre estuvo en el candelero y, cuando sonó la flauta de la oportunidad, recibió la Subdelegación del Gobierno como un regalo en mitad de un mandato en el que Catalina Madueño, más activa que nunca, hizo lo que estuvo en su mano para continuar con el sabor del caramelo. A las duras y a las maduras, la construcción del Centro Tecnológico de Desarrollo y Experimentación (Cetedex) del Ministerio de Defensa significa para Manuel Fernández Palomino, además de la mejor carta de presentación del Ejecutivo al que representa, el proyecto que le permite respirar entre las preocupaciones, que son muchas, cuando el bastón conlleva tantas dosis de responsabilidad.

Luis García Millán toca a las puertas de quienes nunca se llegaron a ir

Jaén Merece Más continúa con su labor de “reclutamiento” de posibles candidatos a la Alcaldía de ayuntamientos en los que no pudieron presentar lista en las anteriores elecciones. Es una labor de partido que tiene encomendada, fundamentalmente, Manuel Barrionuevo, expresidente de la Cámara de Comercio de Jaén, junto al inseparable Bartolomé Cruz, ahora alcalde accidental de Baeza. Su lema no es otro que encontrar a jiennenses enamorados de la provincia que estén dispuestos a batirse el cobre por ella. Difícil encargo que lleva aparejado otro más, porque no basta con encontrar al número 1, sino que hay que llegar hasta el 27. Si ya es complicado para las fuerzas políticas mayoritarias, con experiencia en la materia y poder de militancia, mucho más lo es para un grupo emergente. En los últimos meses hay alguien que compagina su labor como concejal en el Ayuntamiento de Jaén con esa misma labor de “reclutamiento” con vistas a las autonómicas, a la vuelta de la esquina. Se trata de Luis García Millán, que lo mismo está en Santiago-Pontones —con traje de chaqueta en una reunión con pastores— que en la Ciudad de las Minas. Su misión es tocar a las puertas de posibles aspirantes a acompañarlo en su nueva misión, con independencia de si tienen pasado político, o no.

EN CORTO. Manuel Carlos Vallejo y sus condiciones para decir “sí”

Que nadie se lleve a engaños. Sonó el río político y, como el refrán, agua llevaba. El exconcejal de Jaén Merece Más, Manuel Carlos Vallejo, recibió una llamada del Partido Popular con invitación a abrazar la fe de unas siglas que, por cierto, tiene pendiente de resolver la papeleta de la candidatura a la Alcaldía de Jaén, con más novias —en masculino y en femenino— que las goteras de la Catedral. El caso es que hubo conversación entre el profesor y la dirección provincial y quedó claro que hay una condición para firmar el “sí quiero”: ocupar el número uno. No hay más tutía. Otro nombre más para una lista de propuestas de la que, por supuesto, Agustín González nunca se quedó fuera.