Don Erre que Erre
Juan Fernández está más cerca de conseguir el indulto parcial después de la maniobra del Partido Socialista de Linares, que someterá a la militancia la petición para que eluda la cárcel
Fue en 1970 cuando Paco Martínez Soria protagonizó la película “Don Erre que Erre”. Dirigida por José Luis Sáenz de Heredia, la escena principal se centra en una oficina bancaria donde el personaje, Don Rodrigo Quesada, retira dinero en ventanilla. Mientras recibe 257 de las antiguas pesetas, se produce un atraco y, en medio del caos, él pierde su dinero. La trama se basa, con situaciones cómicas, en conseguir lo robado. ¿De quién eran esos fondos en el momento de los hechos, del banco o del protagonista? Hay una gran semejanza, salvando las distancias, entre esta acción cinematográfica y el “peliculón” político y judicial en el que se ve envuelto el exalcalde de Linares Juan Fernández. Condenado a tres años de cárcel y siete de inhabilitación absoluta como autor de malversación de caudales públicos, el “quid” de la cuestión que se dirimió en los tribunales estuvo en demostrar el origen del delito. ¿El dinero que recibió, en forma de sobresueldo, era del Ayuntamiento, que era el que abonaba a los grupos municipales una asignación de obligado cumplimiento, o del PSOE, del que cobró mensualmente? Está claro que si hubo desfalco fue porque el juez consideró que el “money” era público. La diferencia está en que aquí no hay nada de fílmico, sino de realidad, y que tampoco es como para reír.
Hay una campaña de petición de indulto parcial para frenar su entrada en prisión. Está avalada por el movimiento vecinal, por la ciudadanía y por el propio equipo de Gobierno del Ayuntamiento linarense, liderado por el Partido Popular. Lo trascendental está en la asamblea que el Partido Socialista de Linares celebrará el próximo día 26. La nueva Dirección Ejecutiva, en manos ahora de Javier Perales, propone un acuerdo para respaldar el perdón que, incluso, condicionó el tribunal que lo juzgó a la devolución de la cuantía defraudada, algo más de 120.000 euros que ya fueron reembolsados por Juan Fernández. Hay cuatro puntos en los que se amparan los socialistas de la Ciudad de las Minas en un planteamiento que necesitará el visto bueno de la militancia: la petición de indulto parcial que hace el propio tribunal, con una condición ya consumada; la suma de la voluntad popular, demostrada con miles de firmas ciudadanas; la adhesión del movimiento vecinal y, por supuesto, el respaldo institucional, a través del Ayuntamiento. Alguien puede pensar que resulta complicado de entender que el propio partido que denunció a uno de los suyos se una, ahora, al clamor del indulto. Sin embargo, hay motivos que justifican una maniobra que, en el fondo, busca rédito electoral, expuestos claramente en el acuerdo que se someterá al juicio de los afiliados. El principal es que la nueva dirección socialista nada tiene que ver con la que había en el momento en el que se empezaron a mover los papeles. Tampoco hay que ser un experto en Ciencias Políticas para entrever que Javier Perales ganará votos electorales con una estrategia con la que se sitúa más al lado del pueblo que de las siglas que lo encumbrarán hacia las urnas.
El caso es que Juan Fernández tiene motivos para el alivio. Consciente de que todo empezó por sacar los pies del tiesto y que continuó con una especie de tesis de confabulación política, nadie le podrá quitar de la cabeza que el conflicto judicial nació de su reivindicación permanente de un mayor compromiso de la Junta de Andalucía con la reindustrialización de Linares, una postura que le granjeó la enemistad íntima de la cúpula del Partido Socialista fuera de las fronteras jiennenses. Está claro que si Javier Perales da un paso al frente de tan trascendental relevancia es porque tiene el visto bueno de sus jefes, los de Jaén y los de Madrid.
La imagen de los políticos importa, en ocasiones, más que su mensaje
Dicen que John F. Kennedy acabó con la industria del sombrero, precisamente, por negarse a colocarse uno. Otros eran capaces de cortarse la barba o dejarse el pelo largo a imagen y semejanza de influenciadores históricos. Hay corrientes políticas que imponen la corbata, otras que obligan a despojarse de ella y algunas más novedosas, incluso a abrir al máximo los botones por aquello de partirse el pecho por sus ciudadanos, al estilo Santiago Abascal. La imagen ancla simpatías, delimita terreno, afianza una ideología, engancha, repele e, incluso, provoca. Los partidos políticos pagan a asesores para que sus representantes sigan unos patrones que, sin embargo, hay quienes se saltan a la torera. Nadie entiende que haya alguien detrás de Luis García Millán, el concejal del Ayuntamiento de Jaén que concurrirá como cabeza de lista en las elecciones autonómicas, para figurar con una estética que, cuanto menos, merece un comentario. ¿De qué sirve acudir a una reunión con pastores de Santiago-Pontones con traje de chaqueta y corbata? ¿Por qué visita las zonas inundadas de Los Puentes con el mismo ropaje, mocasines incluidos, a la vista del común de los mortales? Sus vídeos diarios dan fe de ello.
EN CORTO. Manuel Palomares recaba apoyo en la provincia
Hay una corriente crítica en el Partido Popular, con respaldo detrás de un pasado muy presente, que continúa su trabajo para recabar apoyos en la provincia con vistas al próximo congreso provincial. Encabezada por Manuel Palomares, directivo de la Universidad Popular Municipal con Agustín González de alcalde, se vuelca en las grandes ciudades de la provincia con vistas a plantar cara a Erik Domínguez en una cita en la que sus pretensiones son ir unidos, aunque está dispuesto a intentarlo por separado si no hay acuerdo. Una de sus propuestas en firme es que la exconcejala Reyes Chamorro sea la candidata a la Alcaldía. De todo tiene fe Sevilla, que mantiene su respaldo firme a la dirección provincial actual.