Un año después del apagón
Esta misma semana hizo un año de aquel apagón histórico que paralizó nuestras vidas y zarandeó los cimientos del estado del bienestar como seria amenaza. Fue una jornada de auténtico vértigo, con situaciones de pánico derivadas de la incertidumbre que generó la falta de suministro, imprescindible en el modelo de sociedad actual. Una vez más, como ocurrió en la pandemia del coronavirus, la población valoró las ventajas que ofrece el mundo rural, el contacto con la naturaleza y la nula dependencia de la tecnología. El caso es que, doce meses después, falta información acerca de las causas que generaron aquel trascendental acontecimiento y, sobre todo, asunción de responsabilidades. Los ciudadanos merecen una explicación y, sin embargo, asisten a un intento continuado de pasar página sin que, hasta el momento, haya garantías evidentes para que una avería de tan importantes dimensiones no pueda volver a ocurrir en España. El Gobierno es el que debe de preservar el buen funcionamiento de los servicios esenciales y, aunque son las empresas las que tienen la encomienda, quienes poseen el poder político son los que están obligados a dar respuestas cuando hay tantas preguntas en el ambiente. El hecho de que, un año después, las dudas sobre la calidad del sistema eléctrico estén todavía encima de la mesa traslada inseguridad al conjunto de la población y, de forma muy particular, a las compañías suministradoras, que son las encargadas de asegurar que la energía llega a los hogares y a las empresas, las mayores damnificadas con aquel apagón inolvidable. Nadie permitirá que se repita la misma historia en un país donde el progreso alcanza cuotas inimaginables.