La red ferroviaria convencional

    26 ene 2026 / 08:37 H.
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    Una de las cuestiones que ha puesto sobre la mesa el trágico accidente ferroviario de Adamuz es la importancia de la red convencional en España, fundamental para el desarrollo de pueblos y ciudades amenazados continuamente por el fenómeno de la despoblación. La provincia necesita estar a la altura de otros territorios en cuanto a servicios de altas prestaciones para poder explotar el potencial que demuestra cada día en sectores pujantes con tentáculos de internacionalidad, pero tampoco hay que abandonar lo que existe por el simple hecho de que haya inversiones previstas para conectar con la alta velocidad. La evidencia está en que, en este momento, la única conexión por tren que tienen Almería y Granada con Madrid está, precisamente, en la red de toda la vida.

    Esa es la principal bandera que los jiennenses deben de ondear, en forma de reclamación, ante las instituciones con competencias en la materia. Jaén es la solución de comunicación del sur con el centro del país, salvo que se organicen autobuses lanzadera, como los que ya están en servicio, para salvar el bloqueo de Adamuz y llegar en alta velocidad desde las provincias andaluzas que la tienen hasta Madrid. Sin embargo, hace falta una apuesta seria para que el refuerzo que hay en este momento se prolongue en el tiempo, con proyectos que ayuden a renovar una infraestructura que, en algunos casos, tiene más de un siglo de vida, lo que hace que el trazado esté completamente obsoleto, por más que se hayan realizado obras de reforma puntuales a lo largo de la historia ferroviaria. Los viajeros tienen que confiar en el tren como uno de los medios de transporte públicos más seguros, el que debe primar sobre el uso del vehículo privado por el bien de todos, lo que implica seriedad, rigor y vigilancia ante la liberalización de un sector que no puede escatimar en esfuerzos para garantizar la seguridad de las vidas que se desplazan en sus asientos. El Gobierno tiene un papel primordial en esa labor de control y, por lo tanto, no puede mirar hacia otro lado ante la catástrofe.

    Editorial