Un fantasma en Europa

    20 ene 2026 / 08:29 H.
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    Acuden a mi memoria las primeras líneas de un famoso libro: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Contra ese fantasma se han conjurado...”. ¿Quién puede negar que a día de hoy, otro fantasma recorre Europa de norte a sur y de este a oeste? El dato mata al relato e impone la realidad; partidos políticos que son denominados con diversos nombres tales como extrema derecha, ultraderecha, derecha identitaria, derecha alternativa, etc., avanzan cual mancha de aceite, se extienden como una tupida tela de araña. Hace unos cuantos años, este fantasma volvió a nacer siendo una luz trémula, titilando de miedo; metamorfoseado en un viento huracanado, ha conseguido reverberar rutilante en muchos países del viejo continente y sigue recorriéndolo con paso firme y pausado, implacable. ¿Por qué? ¿Qué lleva a millones de europeos, sobre todo a los jóvenes, a abrazar esa ideología? ¿Se sienten engañados, decepcionados?. Un fantasma transversal que penetra sobretodo en las clases medias y bajas, obreros y sector primario, estudiantes y autónomos, también en profesiones liberales, etc.,. Las élites gobernantes de la UE adolecen de un desasosiego creciente; perciben que el fantasma los va a dejar en la cuneta y se han conjurado contra él con acusaciones estigmatizantes para que no exprese sus ideas y aspiraciones. ¿Es suficiente? ¿Se han dormido en los laureles?

    FRANCISCO JAVIER SÁENZ MARTÍNEZ / LASARTE-ORIA

    Experiencias

    La vida humana se define por la experiencia, esa transmisión generacional de habilidades que antaño marcaba la vida laboral y familiar. En el trabajo, las distintas etapas —de aprendices a maestros— forjaban competencias sólidas; en la pareja, las fases de hijos, nido vacío y nietos enseñaban adaptación continua, tejiendo redes sólidas de apoyo mutuo. Hoy, el mundo acelera todo. Las tecnologías desplazan el empleo humano hacia la administración o la precariedad, dejando a millones en trabajos temporales sin futuro. Las relaciones sentimentales, azotadas por la velocidad digital de apps y redes, duran menos que nunca, fragmentando los vínculos familiares tradicionales. Estamos en un tsunami de transformaciones que amenaza con romper los hilos que unían trabajo, familia y experiencia entre generaciones. Ni siquiera Alemania, baluarte económico de la UE, escapa a esta crisis: hoy enfrenta paro masivo, recesión industrial y pérdida de competitividad. Frente a esta turbulencia histórica, urge aprender de episodios pasados —como las crisis industriales del XX— para equilibrar la sociedad. La educación debe ser el primer pilar de cualquier transformación, adaptando currículos a la realidad digital y humana. Lamentablemente, las instituciones públicas parecen ignorar este imperativo. ¿En las elecciones autonómicas próximas se propondrán soluciones? Estamos centrados en financiación y competencias autonómicas, mientras nos olvidamos de lo más importante: el futuro de las personas.

    PEDRO MARÍN USÓN / ZARAGOZA

    Cartas de los Lectores