Sin estrategia
Está claro, clarísimo, que desde el punto de vista político no soy un buen estratega. Al menos desde el punto de vista personal, que debería ser el menos importante en política. Y es que tengo razones para decirlo: gané las elecciones municipales en Linares y no conseguí ser alcalde; se juntaron tres partidos para impedirlo, con la aquiescencia del pope mío. Luché para que el tren Jaén-Madrid se reforzara por Linares-Baeza, se articulara la provincia hacia Almería, se fomentara la red de cercanías y se redujera a dos horas y media el trayecto entre Jaén y Madrid. Fracasé: el Ministerio de Fomento apostó por la miopía capitalina y ahora pretende una inversión inmensa y sin sentido, un AVE Jaén-Madrid, para dejar al resto de la provincia sin ferrocarril. No logré que la Diputación financiara el nuevo estadio de Linarejos, pese a que, con una justificación ridícula y cateta, lleva gastado en un pabellón lo que valía el estadio por cuatro, o por cinco. Fracasé también en lo cultural; es verdad que conseguimos que Cástulo fuera el centro de atención de la arqueología española durante años, pero no fui capaz de articular un proyecto que perdurase en lo institucional.
Muchos fracasos, también en lo orgánico, en fin, que me hicieron saber lo que ya he dicho: no soy, en lo político, un buen estratega. Al menos en lo personal. Y es por eso por lo que, en lugar de trabajar en la táctica cortoplacista e individual, me asaltan algunas dudas. Me pregunto, por ejemplo, si los vecinos que me paran por la calle tratan de engañarme cuando me dicen que están huérfanos de izquierda. Me pregunto si, cuando dicen que no confían en los nuestros, lo hacen porque ya han encontrado otros en los que confiar. Si, cuando se declaran cansados de proyectos sin sentido, piensan que hemos perdido nuestra brújula electoral. O si, cuando nos llaman electoralistas, en realidad nos están soltando la mano. Si, mientras debatimos sobre lo público y lo social, saben que los nuestros están en una pelea por un puesto en la lista o por quedarse con el sillón provincial, aun a costa de que ya ha pasado su tiempo. Y han dejado la hierba quemada... ya sabéis, el legado.
Porque la gente piensa. Y quizá, mientras algunos continúan pensándose, la gente ya ha dejado de pensar en nosotros.
DANIEL CAMPOS LÓPEZ
Esto no es un juego
Soy nutricionista y actualmente estoy realizando un curso sobre los trastornos de la conducta alimentaria. Dentro del módulo actual, nos han propuesto la visualización de un vídeo que muestra lo que supone vivir con anorexia nerviosa, la relación con la comida, con el cuerpo y, sobre todo, los riesgos que conlleva. Me detengo a escribir porque no es un material más. Hay experiencias que te obligan a parar y mirar con profundidad aquello que creías conocer.
La anorexia nerviosa no es solo una alteración de la conducta alimentaria. Es una enfermedad grave que afecta a la relación con la comida, con el cuerpo y con la vida. No se trata de una elección ni de cuestión de fuerza de voluntad. Es una enfermedad que reduce progresivamente la fuerza física y mental, dificultando la concentración, la toma de decisiones, la reacción ante situaciones y, en muchos casos, la capacidad de pedir ayuda.
Uno de los aspectos más impactantes es comprender que, cuando el cuerpo no tiene energía, la mente tampoco puede sostenerse. Por eso, reducir la anorexia a un “solo tiene que comer” es minimizar su verdadera peligrosidad. Escuchar a una persona con anorexia decir “mi vida ya no es vida” resume de forma desgarradora todo lo que esta enfermedad puede provocar. No solo hablo de comida o de peso, hablo de vivir sin vivir, de una existencia atrapada en el agotamiento físico y mental no solo de la persona que lo padece, también de su círculo más cercano. La anorexia no afecta únicamente a quien la padece. Afecta profundamente a todo su entorno: padres, amigos, familia y profesionales que acompañan. La carga emocional, el miedo constante y la sensación de impotencia de quienes están alrededor es enorme y sostenida en el tiempo. Por eso es fundamental entender que esto no es un juego ni un capricho. Los trastornos de la conducta alimentaria no son modas ni etapas pasajeras: son enfermedades graves y potencialmente mortales. Minimizar su inicio o sus señales de alarma tiene consecuencias reales.
Iniciar una dieta, especialmente desde el control, la restricción o el rechazo al propio cuerpo, puede convertirse en un desencadenante de un trastorno alimentario. Cuando esto ocurre el camino de recuperación es largo y complejo y el riesgo vital es real. La anorexia nerviosa tiene una de las tasas más altas dentro de los trastornos mentales y eso obliga a hablar de ella con la serenidad que merece.
Como nutricionista, este punto me conmueve profundamente. Porque en estos casos, la nutrición no es estética ni hábitos saludables: es tratamiento vital. Es la base sobre la que cualquier abordaje de recuperación puede empezar a sostenerse. Escribo porque hablar de anorexia nerviosa u otro trastorno alimentario es más que necesario. Porque su gravedad no siempre se comprende hasta que se ve de cerca. Y porque darle la importancia que tiene no es alarmismo, es responsabilidad. Para profesionales, para familias y para cualquier persona.
LAURA BOO RUIZ
Lo de siempre...
Xabi Alonso dijo que “habría rock and roll” en el juego del Real Madrid. Al final, el tolosarra tiró de juego replegado, pelotazo y contragolpe. Lo que siempre le ha funcionado al Real Madrid y que con Mourinho elevaron a la máxima potencia. Ahora llega un fiel seguidor suyo: Arbeloa.
FAUSTINO LASARTE GÁRATE
Calidad de vida
Pregunta: ¿Cuántas veces hemos oído esas tres palabras referidas al ámbito de trabajar menos aceptando un sueldo inferior?. Tiempo ha que gente joven ha interiorizado que repiten como un mantra. Se quejan, no les falta razón, de que muchos de ellos perciben un sueldo bajo que no les permite encarar un proyecto de vida; no saben que la vida es una montaña rusa y que algún día mirarán por el espejo retrovisor pero quizás sea tarde. Quienes frisamos la edad provecta sabemos a ciencia cierta que la base de casi todo reside en el trabajo y es así desde el principio de los tiempos; hemos trabajado y disfrutado de nuestros días de asueto que, a buen seguro, al ser menos que lo que ahora pretenden, los vivíamos con una mayor intensidad. ¿Cómo creen que sus padres compraban un piso y conseguían que a ellos no les faltara nada? ¿Han pensado que su calidad de vida desde que nacieron se debe al esfuerzo y privaciones de sus padres para quienes verles satisfechos y felices era su calidad de vida y el culmen de la felicidad?. La sociedad actual, hedonista, deifica el tiempo libre, son sus esclavos, adorándolo como a un becerro de oro; “carpe diem” es un “modus vivendi” que proporciona una ficticia calidad de vida que a nada bueno conduce ya que el esfuerzo es parte clave de la vida humana con calidad real.
FRANCISCO JAVIER SÁENZ MARTÍNEZ