Señor director:
El pasado 21 de enero vivimos en mi familia una de esas experiencias que marcan para siempre. Mi nieto, de tan solo cinco meses, comenzó a convulsionar sin motivo aparente. No habían pasado dos horas cuando volvió a hacerlo y así se sucedieron desde el miércoles hasta el domingo. En ese momento, mi hija se encontraba sola en casa con sus tres hijos. Fueron los mayores, de cuatro y siete años, quienes la alertaron de que algo le ocurría al bebé. Tras llamar al 112, la espera se hizo eterna. El mayor de los niños volvió a llamar por su cuenta, con una entereza impropia de su edad, y también me avisó a mí, su abuela, mientras la angustia se apoderaba de todos. Cuando finalmente llegó la ambulancia, los tres menores fueron trasladados juntos. Desde ese primer instante, el trato del personal sanitario fue impecable. En el Hospital San Agustín de Linares, donde fue atendido inicialmente, pediatras, personal de enfermería y profesionales de urgencias demostraron no solo una alta cualificación técnica, sino una vocación y una humanidad difíciles de describir. Durante ese tiempo yo me desplazaba desde Alhaurín el Grande, Málaga, con el corazón en vilo.
Ya por la tarde, mi nieto fue trasladado al Hospital Materno Infantil de Jaén. Allí, a pesar de las conocidas carencias de recursos y los déficits que arrastra la sanidad pública, la atención recibida fue ejemplar. Unidad de Observación, UCI, planta de infecciosos y personal de limpieza mostraron una calidad humana impecable, un trato cercano y una profesionalidad digna del mayor reconocimiento. Cabe destacar que, a día de hoy, el bebé continúa ingresado, pero ya fuera de peligro, y contará con el correspondiente seguimiento médico. Esta evolución favorable no hace sino reforzar el profundo agradecimiento de toda nuestra familia hacia quienes han velado por su vida y su bienestar. No escribo estas líneas para negar los problemas estructurales del sistema sanitario, que existen y deben abordarse. Escribo para agradecer, públicamente, a quienes sostienen la sanidad pública con su trabajo diario, su vocación y su compromiso con las personas, incluso en las circunstancias más difíciles. Como abuela, como madre y como ciudadana, sentía la necesidad moral de dar las gracias. Porque cuando la vida de un bebé pende de un hilo, la profesionalidad y la humanidad no se olvidan jamás.
MERCHE LÓPEZ / JAÉN
Sí al campo español, no a Mercosur
Hay no pocos riesgos, contradicciones y agravios de la Comisión europea al firmar su pacto con Mercosur. ¿Por qué, si no, todos los sindicatos del campo están de acuerdo, junto al cooperativismo español, contra el tratado, incluyendo organizaciones de consumidores y de defensa medioambiental? ¿Cómo pueden la UE y el Gobierno español afirmar defender los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), como usar energías no contaminantes, proteger la vida submarina, o la acción por el clima y, a la vez, aumentar el volumen de transporte de los muy contaminantes buques trasatlánticos? ¿Cómo pueden velar por la agricultura europea y española quienes la debilitan, incrementando la competencia en desiguales condiciones? La UE nos desprotege.
Hará que en nuestros supermercados encontremos, sin saberlo, productos resultados del uso de pesticidas y medicamentos veterinarios prohibidos por la propia Unión aquí, pero permitidos en los países de origen.
Estamos ciegos si no vemos que la cuestión es prioritaria y lo pagaremos. No sólo quienes se ganan difícilmente la vida en el sector primario, sino toda la sociedad. Nos jugamos, entre otras cosas: economía real, asociada a tantos núcleos de población, salud y soberanía alimentaria, ya socavada.
AGUSTÍN MORENO FERNÁNDEZ / HUELMA
La tortura de la duda
Un músico estaba considerando trasladarse a la legendaria y meca de la música, y también del cine, como es Los Ángeles, con la esperanza de abrirse camino en el mundo siempre complicado de la música. Era un gran compositor y letrista, y sentía que había llegado el momento de seguir su vocación artística. Un buen amigo le aconsejó:
—Bien, si realmente estás decidido, veamos cuál es tu actitud.
A lo que Roc Stuart directamente respondió:
—Intentaré hacerlo lo mejor que pueda. Creo que ha llegado la hora de intentarlo y, si no funciona, tendré paciencia. Lo aceptaré.
Su amigo, el profesor Strauss, le contestó:
—Esa es la actitud equivocada, querido Roc —dijo—. Si te tiran al suelo, debes levantarte. Si vuelven a tirarte, debes levantarte otra vez.
No importa cuántas veces caigas: siempre debes volver a ponerte en pie. Así es como tienes que empezar.
—Gracias, profesor, por sus consejos —respondió Roc, mientras ambos se abrazaban—. ¡Hasta siempre!
Roc Stuart continuó su camino lleno de ilusión hacia la fama.
En su larga andadura conoció el fracaso, pero nunca permitió que este lo hiciera desistir. También cosechó grandes éxitos a lo largo de su carrera, gracias a su constancia y a su lucha por hacerse un hueco en el mundo de la música. Moraleja: Ante la duda, sigue avanzando. No temas al fracaso: lo importante no es caer, sino levantarse y continuar el camino.
ANA CACHINERO / JAÉN