Reconocimiento de discapacidad

    08 abr 2026 / 08:46 H.
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    La escena es sencilla, casi costumbrista. Una ciudadana cualquiera —podría ser usted, podría ser yo— entra en una oficina pública con esa mezcla de esperanza y resignación que uno reserva para los trámites importantes. Lleva papeles, informes médicos, diagnósticos, y sobre todo, paciencia. Mucha paciencia. Se acerca al mostrador y pregunta, con educación y un punto de ingenuidad: “¿Cuándo me llamarán del tribunal para el reconocimiento del grado de discapacidad?”. La respuesta llega sin anestesia: “Dentro de dos años”. Dos años. Ni más ni menos. Lo justo para sacarse un máster, aprender un idioma, o ver crecer a un niño desde que balbucea hasta que empieza a decir “¿por qué?” cada cinco minutos. Dos años que, en la vida administrativa, parecen considerarse un plazo razonable, como si el tiempo del ciudadano y el de la burocracia vivieran en universos paralelos.

    Nuestra protagonista, que había acudido con la intención de obtener certezas, salió con un calendario mental que parecía más bien una novela de ciencia ficción. “Vuelva usted en 2028”, faltó que le dijeran, como si el reconocimiento de derechos pudiera aplazarse con la misma ligereza que una cita para cortarse el pelo. Y claro, uno no puede evitar hacer cuentas. Dos años... pero las elecciones están a la vuelta de la esquina. En apenas un mes estaremos desfilando hacia las urnas, con paso firme y promesas frescas en los oídos. Porque, no nos engañemos, el calendario administrativo tiene una extraña habilidad para ir a otro ritmo que el político. Ahora todo son demoras, listas de espera, “ya le llamaremos”. Pero en campaña, de pronto, aparecen las prisas, los compromisos urgentes y las soluciones que hasta ayer parecían imposibles.

    Quizá en estas semanas escuchemos discursos sobre la importancia de reducir las listas de espera. Quizá alguien anuncie refuerzos, planes extraordinarios o medidas exprés. Y uno, inevitablemente, se pregunta: ¿de verdad no se podía hacer nada antes, o es que la burocracia también se activa con el calendario electoral? Mientras tanto, la ciudadana vuelve a su casa con la sensación de haber preguntado la hora y que le hayan respondido con la previsión meteorológica de dentro de dos inviernos. Y, entre la incredulidad y el humor —porque si no nos reímos, mal vamos—, piensa que igual la próxima vez que la llamen no será solo para una valoración, sino también para recordarle que tiene una papeleta que depositar. Porque en este país, España, a veces, los derechos llegan tarde... pero las campañas llegan justo a tiempo.

    NURIA DOMÍNGUEZ / Jaén

    La Semana Santa al aire libre de San Juan de la Cruz

    La Semana Santa en Úbeda al aire de este año jubilar dedicado a San Juan de la Cruz —fallecido aquí en 1591— deja o debe dejar, como se suele decir, una profunda huella. El hálito del santo lleva sentirse más inmerso en el ámbito espiritual de Cristo en la Cruz y a las palabras pronunciadas por el Redentor momentos antes de entregar su vida al Dios Eterno: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

    San Juan estimula a seguir en nuestra vida el Camino, que no es sino indicar con distintas palabras que seguir a Cristo es el itinerario cierto y seguro para nuestra salvación, según nos indica en diversos puntos de sus escritos como el siguiente de su obra “Subida al Monte Carmelo”: “No consiste, pues, en recreaciones y gustos y sentimientos espirituales, sino en una viva muerte de cruz, sensitiva y espiritual, esto es, interior y exterior”. Y, efectivamente, los pasos de Semana Santa han ido marcando ese sendero: desde su entrada triunfal y gozosa en Jerusalén el Domingo de Ramos hasta abrazarse a la Cruz para subir al Monte Calvario y exhalar su último suspiro clavado en el madero. Y todo ello para cumplir la Voluntad de su Padre Dios. San Juan de la Cruz imita e invita a seguir con fidelidad esos pasos del Señor a través del desprendimiento total de nuestros vanos sentimientos y recreaciones tanto materiales como espirituales. Vida sobria, fijada únicamente en el cumplimiento, por amor, de nuestros deberes para con Dios y con los demás: es una forma de entrega redentora bajo el estímulo y ejemplo de Cristo, a quien hemos contemplado de manera gráfica a través de tantas y magníficas escenas en esta Semana Santa.

    JUAN ANTONIO NARVÁEZ SÁNCHEZ / ÚBEDA

    Fanáticos contra el mundo

    Lo de Irán no es la guerra de Trump, sino provocada por Israel, como ha denunciado, al dimitir por ello, el jefe de su Centro Contraterrorista, Joe Kent. Esta es sólo la más reciente guerra provocada por tribus primitivas que aún obedecen a letra las presuntas órdenes de un misterioso espíritu que, en pleno siglo XXI, transmitidas por sus autoproclamados voceros, les exigía (olvidando su “No matarás cuando le convenía) asesinar a varones, mujeres y niños de las tierras que les ordenaba conquistar. Seis mil años después, con esa misma salvaje ideología y tras conseguir bombas nucleares, esas tribus guerreras fanáticas quieren, de momento, “asegurar” sus conquistas genocidas, apoderándose no sólo de Palestina, sino del Medio Oriente. Si lo consiguen, su “seguridad” de “pueblo elegido” les exigirá apoderarse del resto de Asia y del mundo que no haya sabido frenar su tan milenario como actual política genocida.

    DIEGO MAS MAS

    Pensar no está de moda

    El mejor ejemplo: Donald Trump. Su decisión de atacar Irán junto a Israel ha provocado que el régimen de los ayatolás consiga hacer daño y dejar en mal estado bastantes de las bases que Estados Unidos mantiene en países vecinos. No sabemos si se cumplirán las palabras de su secretario de Estado, Marco Rubio, de que la contienda podría terminar en dos semanas. ¿Quién se impondrá en el escenario? Todo apunta a un nuevo Vietnam: Estados Unidos podría abandonar un territorio en shock. Su población, lejos de ser liberada, podría acabar bajo una dictadura teocrática más dura aún. Un poco como aquí decimos: “de mal a peor”. Mientras, la economía mundial se resiente. Este presidente, obsesionado con los aranceles y la guerra para preservar la hegemonía de su país, está obteniendo justo lo contrario. Su propio país empezará a pagar las consecuencias: un dólar que ya no es refugio de seguridad y una economía que ya no avanza como locomotora. Pensar, por parte de este político, queda descartado. Su marca es la impulsividad y el desconocimiento del peso militar y económico de otros actores, como China. ¿Se imaginan que este país aproveche la situación para hacerse con el control de Taiwán? El problema es que sus votantes no pueden enviarlo “al rincón de pensar”.

    PEDRO MARÍN USÓN

    Cartas de los Lectores