Pregón de la Semana Santa 2026 en Orcera

    04 abr 2026 / 09:32 H.
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    En la quietud solemne de la tarde, cuando el aire de Orcera parece contener la respiración ante lo sagrado que se aproxima, el Teatro Emilio de la Cruz se convirtió en el corazón palpitante de la tradición, la fe y la memoria. Allí, entre miradas expectantes y silencios cargados de emoción, dio comienzo el pregón de la Semana Santa 2026, un acto que no solo inaugura unos días señalados, sino que despierta el alma colectiva de todo un pueblo. El acto estuvo acompañado y amenizado por la Banda de Música de Puente de Génave, que interpretó marchas procesionales entre intervención e intervención, iniciando la velada con música y envolviendo cada momento en un ambiente de recogimiento y solemnidad.

    Fue el reverendo don Manuel Jesús Rus Quesada quien abrió el acto con palabras profundas y serenas, trazando un primer puente entre lo terrenal y lo divino. Su voz, pausada y firme, supo situar a los presentes en el verdadero sentido de la Semana Santa: no como una mera sucesión de procesiones, sino como un camino interior, un tiempo de reflexión, de recogimiento y de renovación espiritual. Habló de la cruz, del sacrificio y de la esperanza, sembrando en cada oyente una disposición sincera a vivir intensamente los días venideros.

    A continuación, José Carlos del Moral tomó la palabra en representación de la Unión Local de Cofradías de Orcera. Su intervención estuvo impregnada de orgullo y compromiso, destacando la labor silenciosa de tantas personas que, año tras año, hacen posible que la tradición siga viva. Recordó el esfuerzo de las cofradías, ese trabajo constante que no siempre se ve, pero que se percibe en cada paso, en cada marcha, en cada instante en el que la fe se hace visible por las calles del pueblo. Fue un reconocimiento colectivo, un abrazo a todos los que sostienen con dedicación esta herencia que define la identidad de Orcera.

    El momento continuó creciendo en intensidad cuando el reverendo don David Martínez Díaz, arcipreste del Arciprestazgo de la Sierra de Segura, asumió la tarea de presentar a la pregonera. Con cercanía y sensibilidad, fue dibujando ante el público el perfil humano y espiritual de Ana Belén Cano Molina. No se limitó a enumerar datos, sino que tejió una historia: la de una mujer arraigada a su tierra, profundamente vinculada a sus tradiciones, marcada por la fe y por el amor a su familia y a su pueblo. En sus palabras, Ana Belén no era solo la pregonera, sino el reflejo de tantas vivencias compartidas, de tantos recuerdos entrelazados con la Semana Santa de Orcera. Y entonces llegó el instante más esperado. Ana Belén Cano Molina se levantó y, con ella, el silencio se hizo aún más profundo. Comenzó su pregón desde lo más íntimo, nombrando a su marido y a sus hijos, anclando sus palabras en el amor que sostiene su vida. Desde ese punto de partida, tan humano y cercano, fue elevando su discurso hasta conectar su historia personal con la tradición de los pasos en Orcera. Cada frase era un hilo que unía pasado y presente, familia y fe, emoción y recuerdo.

    Habló de la música como el latido invisible de la Semana Santa, esa que no solo acompaña, sino que envuelve, que estremece, que hace brotar lágrimas sin previo aviso. La música que anuncia, que consuela, que eleva. Y, en ese mismo aliento, reivindicó la tradición de los pasos, el valor de lo heredado, de lo transmitido de generación en generación, de aquello que no se escribe, pero se aprende en las calles, en las miradas, en los gestos. Su pregón no fue solo un discurso, sino una confesión abierta, un canto lleno de sentimiento, una entrega sincera. Hubo momentos de emoción contenida, de palabras que parecían quebrarse por la intensidad del recuerdo, y también instantes de orgullo, de afirmación de una identidad que se siente con fuerza.

    Aquella noche, en el teatro, no solo se anunció la Semana Santa: se vivió. Se sintió en cada palabra, en cada silencio, en cada aplauso que brotaba desde lo más profundo. Fue un acto en el que la tradición cristiana se hizo presente no como algo lejano, sino como una realidad viva, encarnada en las personas, en sus historias, en su fe. Y, al terminar, cuando las luces parecían más cálidas y el murmullo regresaba poco a poco, quedaba la certeza de haber asistido a algo más que un pregón: a un encuentro con lo esencial, con lo que permanece, con lo que da sentido. Orcera, una vez más, se preparaba para su Semana Santa, pero lo hacía con el alma encendida.

    JUANFER RUIZ / ORCERA

    Votar en la calle

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    DAVID SÁNCHEZ ÁLVAREZ / GETAFE

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