Linares no deja de sorprender
Una vez finalizada la Semana Santa, hay que destacar que en cada rincón de nuestra tierra se ha vivido con fe, devoción y emoción. Merece una mención especial la Semana Santa de Linares. Aquí, en la ciudad de las Minas, cada año se posiciona el listón más alto. Los casi treinta pasos procesionales, los penitentes, las bandas de cornetas y tambores, la organización de los itinerarios, la carrera oficial, las calles llenas y el máximo respeto, la seguridad por parte de la Policía Local linarense, la limpieza de sus calles y plazas y un largo etcétera lo demuestran. Desde luego, no es casualidad que esté declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 1998. Linares es una de esas ciudades que no dejan de sorprender al visitante. La tierra que vio nacer al cantante Raphael, a la cantautora Carmen Linares, al artista urbano Belin, al guitarrista Andrés Segovia o al torero Sebastián Palomo Linares nos espera siempre con los brazos abiertos. ¡Jaén, mucho por descubrir!
JUAN LIÉBANA / Jaén
Fe y arte
La Semana Santa nos ha mostrado particularmente en España un panorama artístico y religioso deslumbrador. Nuestras ciudades, nuestros encapuchados ciudadanos han procesionado, con el fervor característico. Esto días encierran siglos de historia de arte: Refulgentes obras de Gregorio Fernández, Juan de Juni, Martínez Montañés, Pedro de Mena, Luisa Roldán (La Roldana), en la época del barroquismo español; ya en el siglo XVIII sería Salzillo; en el siglo XX hubo también maestros imagineros como Mariano Benlliure, Federico Collaut Valera, Jacinto Higueras, Francisco Palma Burgos, Ruiz Olmos, Juan Luis Vassallo y la relación podría hacerse largamente más extensa. Sus extraordinarias representaciones de la Pasión del Señor y de la Madre Dolorosa han sido capaces, año tras año, de conmover al más insensible e impasible espectador.
Sin embargo, lo que es indudable es la exaltada manifestación de fe que estas imágenes representan: por quienes las esculpieron y por quienes las sufragaron; tal vez pecadores en mayor o menor grado unos u otros, pero personas de fe a pesar de sus miserias individuales. Personas que quisieron expresar de esta manera simbólica y material su amor al Dios Redentor y a la Virgen Santísima (su fe) en una manifestación sublime del arte. ¿Podríamos hablar actualmente de esta conjunción fe-arte? La Semana Santa remueve cada año muchos corazones, sin duda alguna. Pero... ¿y el resto del año? Habría que mantener vivo ese espíritu, ya que como escribe Pascal: “Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo: es preciso no dormir durante este tiempo”. La mayoría de las imágenes se ubican en iglesias y capillas y de vez en cuando reciben alguna visita interesada que enciende unas velitas y hace unas peticiones. Permanece el arte, qué duda cabe, más la fe se ha enfriado. No, no es que haya que estar todo el año procesionando y sí, en cambio, viviendo, robusteciendo esa fe a través de la oración, de los sacramentos, de la caridad hacia los demás. Este sería el mejor y más provechoso fruto de la Semana Santa, el más elevado nexo fe-arte.
JUAN ANTONIO NARVÁEZ SÁNCHEZ / Úbeda
Domingo rojo en Madrid: júbilo y pistolas
Hace 49 años, la noche del 9 de abril de 1977, mi amigo Miguel y yo —mochileros— volvimos a dedo a Madrid desde Alicante. En el trayecto enlazamos coches con conductores dispares: un guardia civil retirado, un piloto de motocross, un hippie al que pagamos la gasolina de su Citroën dos caballos... Al llegar a la madrileña Plaza de España, el paisaje era irreal: la Gran Vía era un río de coches con banderas rojas. “O lo han legalizado o ha pasado algo”, dijo mi tocayo. Era lo primero: Adolfo Suárez acababa de sacar al PCE de la clandestinidad. La ciudad era un estallido de alegría contenida. Al día siguiente, la fiesta continuaba. Caminé solo hacia Princesa. Contagiado por el claxon de los coches y el flamear de las banderas, tanto tiempo heridas, saludé con el puño en alto y una sonrisa. Mi gesto de júbilo atrajo a un esbirro. Un hombre en la cincuentena comenzó a calcar mis pasos. Apreté el ritmo, pero él mantenía la distancia, como el cazador que sabe que su presa no tiene escapatoria. Al llegar a la fuente de la Plaza de España —entonces junto a Princesa— me senté, fingiendo calma. Él, con decisión, pasó por delante. Lo seguí con el rabillo del ojo. Dio un rodeo y, “pisando el césped, entonces prohibido”, se situó a mi espalda. Se me erizó el vello de la nuca y me giré. Estaba a un par de metros, llevándose la mano derecha a la sobaquera izquierda. No aguardé a ver la pistola. Corrí sin rumbo hasta perderme entre la gente. Cuando me detuve, ya no lo vi. Regresé a casa mirando hacia atrás, con el pulso en las sienes. En aquel momento fui más consciente de que la libertad recién estrenada vendría escoltada por el terror de quienes ansiaban la involución.
MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON / Madrid
Trump, “loco desquiciado”
Ha hecho falta esta mortal amenaza —e incluso blasfema para algunos—, a todo un país, por parte del enloquecido Trump, para que pública, y así también oficialmente, el jefe de los demócratas denuncie que el presidente de EE UU está “despotricando como un loco desquiciado”. No queda otra, pues, a los patriotas dignos de ese nombre, que aplicar las leyes existentes para ese caso con la vital urgencia que exige esta catastrófica guerra a Irán, y perjuicios mundiales que ha provocado la tan clara, gran y dañina locura de su presidente.
JAUME MIT PAU / Barcelona
Ormuz cerrado, España fuera
El reloj del tiempo no se detiene, y con él llegan noticias como la convocatoria de Keir Starmer a 35 líderes mundiales para reabrir el estrecho de Ormuz, arteria vital por donde pasa el 20% del petróleo mundial. Irán lo ha bloqueado en represalia por la guerra en Oriente Medio, amenazando con disparar aún más la inflación que asfixia nuestras economías diarias. Curiosamente, España queda fuera de esta mesa diplomática, mientras Reino Unido asume el liderazgo que otros, como Trump, han eludido. ¿No merecemos estar representados en decisiones que afectan nuestro suministro energético, los precios de la gasolina y la calefacción? Nuestros problemas —vivienda, listas de espera, inflación persistente— no se resuelven con cumbres ajenas. Todos los días no son iguales, pero la rutina de depender de rutas lejanas y líderes distantes sí lo es. Esta exclusión nos demuestra que existen distintas velocidades en Europa. Sin desearlo, sufrimos las consecuencias del Brexit inglés. El ayer de “Europa es la solución” ha devenido en “Europa es el problema”: este club se rompe según los intereses particulares de cada Estado.
PEDRO MARÍN USÓN / ZARAGOZA