La apatía ante la injusticia es, en sí misma, una forma de injusticia

    06 feb 2026 / 08:30 H.
    Ver comentarios

    Frente a la cantidad de atropellos, abusos e injusticias que soportamos a diario, debido a las imposiciones de los más poderosos, empresas de todo tipo de servicios, tanto en el ámbito público como privado; quisiera transmitir estas ideas que nos dejó un gran sabio y pensador del siglo XIII, Tomás de Aquino.

    La postura de Tomás de Aquino (1224-1274), en el tratado de teología, la Suma Teológica, sobre la «ira virtuosa», argumenta que la irritación moderada por la razón ante la injusticia es una obligación moral para encontrar la justicia, mientras que la apatía ante el mal es inmoral. La irritación no es básicamente mala. Es honesta cuando es templada por la razón y encuentra corregir una injusticia.

    La pasividad es el verdadero vicio: No indignarse cuando se debe, ante una ilegalidad, manifiesta una carencia de ímpetu por la moralidad, a esto, Aquino lo considera un vicio. La intención legítima de la irritación es el bien de la justicia, no la venganza personal. Todas las ideas expuestas deberían remover a nuestra sociedad, este es el fin. Nuestra ciudadanía manejada al antojo de los que dirigen este gran teatro del mundo, la vida escenificada de las personas; sin que el individuo pueda afrontar libremente sus derechos, su dignidad.

    JOSÉ RAMÓN TALERO ISLÁN

    La guerra interminable

    No conoce fronteras. No entiende de género ni de edad. Tampoco de etnia ni de condición social. Hablamos del cáncer, en su día internacional, una enfermedad que, generación tras generación, provoca muertes y deja a muchos supervivientes con una calidad de vida muy mermada.

    La ciencia suma nuevos avances y tratamientos, pero la sensación es que seguimos librando una guerra larga y dolorosa, en la que cada familia conoce algún nombre propio en la lista de víctimas. Las causas son múltiples, desde la genética hasta los factores ambientales, y probablemente estemos ante una de las enfermedades con mayor impacto en vidas y sufrimiento humanos.

    Cada vez se insiste más en la prevención y en la detección precoz como el camino más efectivo. Se investiga ya en análisis de sangre capaces de detectar varios tipos de cáncer en fases tempranas, una esperanza aún en desarrollo que podría cambiar el futuro del diagnóstico. Las mujeres conocen bien la importancia de las mamografías, que permiten adelantarse al cáncer de mama ajustando los programas de cribado por edades y factores de riesgo. Sin embargo, los recientes errores y falsos positivos en algunos programas han generado alarma y ansiedad, recordándonos que es imprescindible mejorar la precisión de las pruebas y ofrecer apoyo psicológico a quienes reciben un posible diagnóstico. Nadie debería enfrentarse en soledad al miedo que provoca esa palabra.

    Año tras año, el 4 de febrero nos convoca a reflexionar sobre esta guerra sin tregua, pero también a reforzar la esperanza en la investigación, en la prevención y en unos sistemas de salud más humanos y centrados en las personas. Puede que no sepamos cuándo terminará esta batalla, pero sí sabemos que cada avance, cada diagnóstico precoz y cada vida acompañada con dignidad nos acercan un poco más al día en que deje de ser una guerra interminable.

    PEDRO MARÍN USÓN / ZARAGOZA

    Insultos y democracia

    No importa a quién, jefe o no, ni de qué partido, vaya el insulto “puro”; otra cosa sería se le reprochara un hecho determinado y probado. Más grave aún es cuando quien insulta en público al jefe del dirigente principal de otro partido, Pedro Sánchez, a quien no voté, tenga un cargo en otro, como la concejala del PP Belén Navarro. El colmo es que, siendo mujer, emplee un insulto tan antifemenino y sobre algo en lo que Sánchez no pudo tener ninguna culpa: “¡Hijo de puta!”. Él respondió lo obvio: “Quienes insultan son aquellos que no tienen argumentos”.

    JAUME MIT PAU / BARCELONA

    Los católicos murieron en los trenes

    sí: los católicos de verdad murieron en el choque de trenes de Adamuz. Porque ningún cristiano auténtico habría pedido que se hicieran honras fúnebres sólo para los de su cuerda, porque los demás no merecían que se lamentara su muerte.

    MARÍA FAES RISCO / MADRID

    Democracia... a la carta

    la libertad de expresión en España está desapareciendo no sólo con leyes antimanifestaciones aprobadas por el PP y prácticamente ratificadas por el PSOE, sino, por ejemplo, en casi toda la prensa. Ésta no sólo ignora el avisar o reseñar las pocas manifestaciones aún permitidas, sino que achica o incluso suprime la sección dedicada a la opinión de los lectores, mientras se queja de la censura de los demás. Francamente, los hechos muestran que muchos añoran el régimen reinante hace medio siglo.

    DAVID SÁNCHEZ ÁLVAREZ / GETAFE

    La Gestapo de Trump

    Tras el disfraz de la legalidad migratoria, la administración de Trump liberó una fuerza represiva que remite a los capítulos más siniestros del fascismo europeo del siglo XX. El ICE dejó de ser una agencia administrativa para mutar en una policía política: una Gestapo contemporánea que gobierna a través del miedo. Como en los regímenes fascistas del siglo pasado, el terror es el método. Agentes irrumpen en hogares sin órdenes judiciales, profanando el espacio íntimo para arrancar padres de los brazos de sus hijos. La vileza alcanza su cima cuando se utilizan menores como cebo: niños de cuatro años, aterrados, obligados a llamar a sus padres para tenderles una trampa. Otros lloran en las aulas porque sus compañeros los señalan como “ilegales”. No es aplicación de la ley: es crueldad institucionalizada. Esta cacería humana no se detiene ante el dolor. No son “excesos”; son consecuencias previsibles de una política que deshumaniza a seres humanos y crímenes de Estado contra personas cuyo único delito es buscar un futuro mejor. Cuando se permite que el ICE actúe como una policía política por encima de los derechos humanos, se firma la sentencia de muerte de la democracia. El fascismo no avisa: llega con uniforme y asesina la compasión en nombre de una frontera. El silencio nos hace cómplices.

    MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON / MADRID

    Cartas de los Lectores