Hoy, once de cada mes
Hoy, once de mes, escribo en honor de la Virgen de la Capilla, patrona de Jaén y alcaldesa mayor de esta ciudad. Y escribo con especial devoción pues todos los once de cada mes recordamos la gracia que tuvo Jaén con el glorioso descenso de la Virgen María, allá por el año 1430, para socorro y amparo de nuestros mayores. Hoy, once de enero, primer domingo tras la Epifanía, se celebra el bautismo de Cristo, y con esta celebración finaliza el periodo litúrgico de Navidad, para entrar en periodo ordinario.
Ha pasado la Navidad de forma brillante, y en los hogares y en algunos lugares públicos hemos podido admirar los belenes de Navidad, esas pequeñas y a veces no tan pequeñas, obras de arte que tienen como tema central el nacimiento de Jesús. Y en muchos de los belenes, sobre todo en los de mayores dimensiones, no ha faltado una de las escenas mas típicas de estas manifestaciones de arte y fervor popular; la huida a Egipto. Un pasaje que es de una de las escenas más buscadas y fácilmente reconocibles. Se trata de un episodio canónico, pues consta en los Evangelios, aunque solamente en el Evangelio de Mateo que recoge esta historia con un relato simple y conciso: Mateo 2: 13 – 18; “Después que partieron ellos (los Reyes Magos), he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: “Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes”.
Se desconoce casi todo sobre este episodio; qué ruta tomó la Sagrada Familia, en qué ciudad de Egipto se instalaron, cuánto tiempo estuvieron en el destierro y cuándo regresaron. Lo que relata el relato canónico es que el Niño Dios tuvo que huir en la noche, y se convirtió en emigrante, en refugiado, y se fue nada menos que a Egipto, el lugar desde donde el pueblo de Israel había escapado de la esclavitud guiados por Moisés. Y ahora, la Sagrada Familia tiene que retornar a Egipto. Resulta que la tierra prometida se convirtió en una tierra de amenaza. Y la tierra de la esclavitud se convirtió en refugio. Es el anti-éxodo. José se marchó de noche, sin mas trámites, sin tiempo para nada, con lo puesto; según la representación popular poseían una mula sobre la que iba la Virgen con el Niño envuelto en pañales. Debió de ser un momento tremendo para la Virgen; acababa de dar a luz y debía marchar al exilio con su bebé y su esposo. Había una orden de muerte y la Sagrada Familia fueron emigrantes y fueron refugiados. Así de claro. Y resulta que el camino a Egipto desde Belén y Jerusalén, pasaba por la ciudad de Gaza, salvo que se pretendiera cruzar por el inhóspito desierto, cosa harto improbable. Debió resultar un viaje de penurias y desarraigo, un hecho que resuena y cobra actualidad con los actuales desplazamientos forzados. Gaza, la mísera, maltratada y desgarrada Gaza; resulta que ha podido ser una ciudad y lugar que vio pasar a la Sagrada Familia camino del destierro y del desarraigo.
Hoy, mas que en otros meses, vemos en nuestras calles y en las puertas de nuestras iglesias a extranjeros desarraigados que han venido sin duda buscando un mundo mejor, quizás huyendo de injusticias sufridas en sus lugares de origen. No busquemos el enfrentamiento sino mas bien la comprensión con su situación. No en vano, son numerosos los documentos pontificios que defienden que el emigrante debe ser respetado en cuanto tal, con todas sus potencialidades religiosas, culturales, sociales y expresivas que lleva consigo. El Papa León XIV, en su mensaje para la Jornada del Migrante y Refugiado, que en 2025 se ha celebrado el 5 de octubre, expresó este reconocimiento de la presencia de los migrantes en nuestra sociedad : “En un mundo oscurecido por guerras e injusticias, incluso allí donde todo parece perdido, los migrantes y refugiados se erigen como mensajeros de esperanza. Su valentía y tenacidad son un testimonio heroico de una fe que ve más allá de lo que nuestros ojos pueden ver y que les da la fuerza para desafiar la muerte en las diferentes rutas migratorias contemporáneas”.
En este periodo ordinario que hoy comienza, podemos acudir al Camarín de la patrona de Jaén, la Virgen de la Capilla, y encomendarnos a la primera y mejor de las refugiadas, la Virgen María, signo de segura esperanza y de consolación, Estrella del camino, que con su maternal presencia está cerca de nosotros cada momento de la vida.
MIGUEL SÁNCHEZ-GASCA