El patriota tóxico

    22 mar 2026 / 09:10 H.
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    Europa observa a Alberto Núñez Feijóo entre el estupor y el desdén. No es solo su incapacidad para balbucear inglés porque no quiere; es su papel de correveidile tóxico que viaja a Bruselas con el único fin de boicotear a su propio país. Resulta infame que alguien que se autoproclama “hombre de Estado” actúe como un lobista contra los intereses de España, saboteando fondos vitales para familias y empresas mientras niega, con tic autoritario, la legitimidad de un Gobierno democrático. Es una deslealtad sin parangón en la Unión Europea. Su obsesión contra Sánchez ha mutado en patología. Esa insolvencia moral le empuja a embarrar y sembrar sospechas allá donde España brilla. Es el heredero del cinismo de Montoro: “Que caiga España, que ya la levantaremos nosotros”. No hace oposición: perpetra un sabotaje envuelto en la bandera. Este patriotismo de hojalata, que denigra nuestra imagen por puro rencor electoral, es la forma más baja de antipolítica. Ya basta de salvapatrias: Feijóo no es la alternativa, es el lastre.

    MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON / MADRID

    ¿Cuándo llega el Día de las Oportunidades?

    Pasó el 8 de marzo, resonando como un eco de guerra. Este Día Internacional de la Mujer debería vivirse todos los días del año. Queda mucho por hacer, pese a ciertos avances en algunos territorios. Para hombres y mujeres por igual, lo esencial es la libertad económica. Sin embargo, las oportunidades para alcanzarla escasean: la riqueza y el poder se concentran en cada vez menos manos, un patrón tan viejo como la historia humana. Imaginemos que las instituciones públicas logran captar parte de esa riqueza mediante tasas e impuestos progresivos. El verdadero reto no sería recaudar, sino gestionar. Hoy lo vemos claro en España: el aumento de ingresos fiscales no se traduce en oportunidades para las nuevas generaciones, atrapadas entre la precariedad laboral, la vivienda inaccesible y un futuro en pausa. La escuela y la universidad siguen ancladas en modelos obsoletos, como si la revolución tecnológica no existiera. No hay proyectos humanos que abran caminos de futuro; solo radicalidad, polarización y agresiones verbales. Se grita “No a la guerra”, pero se olvida la de millones de jóvenes sin horizontes en España y en nuestro entorno. No sabemos si en el pasado los planetas se alinearon para forjar un Estado de Bienestar que hoy es solo recuerdo para quienes están jubilados. Lo cierto es que esta revolución tecnológica nos ha pillado sin gestores ni instituciones preparadas. Aún estamos a tiempo de reconvertirla en un proyecto humano común, que reactive las oportunidades perdidas y abra otras nuevas. ¿Para cuándo el Día Internacional de las Oportunidades? Asistimos a grandes cambios para los que no se ha educado ni formado desde los poderes públicos, creando un Estado de Malestar que sustituye al que se nos había prometido. Tal vez el primer paso sería asumir esta realidad y poner en el centro una idea sencilla: sin oportunidades compartidas, seguiremos encadenando días de desigualdad y de diferencias insalvables.

    PEDRO MARÍN USÓN / ZARAGOZA

    Cartas de los Lectores