El humo y las pantallas
Se cumplen 20 años de la prohibición de fumar en espacios cerrados. Adiós a esos gloriosos días en que el humo reinaba en bares y oficinas, envenenando pulmones de fumadores y no fumadores por igual. ¡Qué tiempos aquellos en que ofrecer un pitillo era el colmo de la hospitalidad social! El progreso, ese juez implacable, lo mandó al olvido. Hoy no hay ley que prohíba el móvil como al tabaco. Pero el estrago que siembra en nuestras relaciones cara a cara es, cuando menos, igual de devastador que el humo de antaño. Nos creemos modernos, pegados a pantallas que prometen conexión universal, mientras nos aislamos en burbujas digitales, ignorando al de al lado. El individualismo triunfa: ayer con cigarrillos, hoy con notificaciones compulsivas. Nadie discute las maravillas del smartphone, pero nos tiene esclavizados, robándonos la mirada, el roce, la charla espontánea. Somos zombis con wifi, sacrificando lo colectivo por likes efímeros. Solo la educación frenará esta plaga de adicción digital. Hoy, como ayer, hábitos egoístas corroen nuestra salud humana. Las leyes no bastan; hacen falta personas que levanten la vista. Sin ellas, sin sociedad real, ¿qué nos queda? ¿Una legión de solitarios iluminados por pantallas?
PEDRO MARÍN USÓN / ZARAGOZA
Libro amigo, libro enemigo
Abrir un libro es entablar una nueva amistad; reflexiono en que algo tan inerme e inerte ha resultado ser el agente más revolucionario de la historia. Tres ejemplos: la Biblia, el Corán y el Manifiesto Comunista han actuado como poderosos imanes atrayendo a miles de millones de personas así como provocado una ingente cantidad de muertos; unos por imponerlos, otros por leerlos. Una simple hoja escrita en 1517 por Lutero fue el detonante de un cisma en la iglesia católica que tiñó de sangre Europa entre católicos y reformistas protestantes. La palabra escrita ha sido atacada, sigue siéndolo, ya que muchos la han considerado un arma de destrucción masiva que derribó imperios que se consideraban inexpugnables. A día de hoy, existen muchos partidarios del “Fahrenheit 451”, la temperatura a la que las hojas de los libros se inflaman y arden y que es el título de la mejor novela distópica que se haya escrito. Recuerdo siendo un niño que los libros llevaban impreso el nihil obstat (nada se opone), así como el imprimátur, permitiendo su publicación y lectura; ambos datados y firmados. El libro es el compañero por antonomasia: cautiva y cultiva, estimula la reflexión, viajamos y soñamos; libamos su contenido mientras acariciamos sus hojas como si fueran de seda o terciopelo. La lectura es la mejor inversión; todo beneficios. Anímense.
FRANCISCO JAVIER SÁENZ MARTÍNEZ / MADRID
Estamos, sí, en la Luna
La humanidad ha llegado hasta la parte oculta de la Luna, pero el mismo imperio que lo ha enviado ha amenazado simultáneamente con aniquilar una entera civilización en 24 horas. ¿Cabe mayor locura, mayor falta de ser un “homo sapiens”, cuando al mismo tiempo cualquier persona sensata tiembla por el peligro de otra guerra mundial, propiciada por el jefe del país más poderoso del mundo?
EMILIA NOVAS SOLER / MADRID
Viaje a la Luna
Dada la situación en que Trump ha sumido al mundo entero, se explica que salieran como un cohete.
MARTÍN SAGRERA / MADRID