Dar fuerza a la verdad y a la bondad

    15 abr 2026 / 20:52 H.
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    Cada día soy más consciente de las desviaciones y de la pérdida del sentido humanitario que sufrimos, con el consiguiente riesgo de inhumanidades que nos sorprenden por cualquier esquina del planeta, en contextos que relativizan lo auténtico, desatendiendo el vocablo o rechazándolo sin más. En consecuencia, la pujanza más vital al servicio del desarrollo es un humanismo en valores, o sea, integral e infalible. Pongámonos a prueba. No hemos venido para dominar, sino para servir, sustentando el mundo de las relaciones con el vínculo de lo fidedigno, que es como se hace camino en comunión y en comunidad. No obstante, solemos activar la falsedad como lenguaje cotidiano, sabiendo que es un modo de eclipsarnos y una manera de destronar de nosotros, nuestros propios latidos.

    Hay que alejarse, por consiguiente, de este tormento absurdo que nos lleva a la ley de la selva; que no es otra, que la norma del más fuerte. Convirtamos, pues, nuestros rastros en un rostro de amor verídico. Aquel que cultiva la razón, dejándose cautivar por la docilidad, no debe temer jamás a sus movimientos. Sin embargo, careceremos de bienestar social, sin confianza entre análogos y sin pasión por lo cierto. La certeza, como la familiaridad, es la mejor vía para el reconocimiento y el respeto de los legítimos derechos de las gentes y los pueblos. Repoblarse de entusiasmo por este níveo pulso y poblarse de su estima, es querer el bien de todos y hacer hogar sin barreras, pues únicamente la realidad, conjugada con la virtud, nos hará libres.

    Realmente, todos soñamos con ser dueños de nuestra propia existencia. Ahora bien, para ser francos conjuntamente hemos de ser responsables. Se me ocurre pensar, en el compartir de los bienes y recursos, que no se aseguran individualmente con el progreso técnico y con meras relaciones de conveniencia, sino con la fuerza del amor, que es lo que vence al mal con el bien, convenciendo y abriendo la conciencia del ser humano a relaciones recíprocas de autonomía y de compromiso. Ojalá viviéramos el deseo armónico de lo genuino como lenguaje universal que trasciende fronteras culturales y sociales, poniendo fin a todas las absurdas contiendas, que lo único que originan es un gran sufrimiento humano, dejándonos sin palabras.

    Sea como fuere, resulta penoso y cruel que no respetemos vidas y que tampoco tengamos consideración con el punto de vista del derecho internacional, que prohibe los ataques dirigidos contra la población civil y sus infraestructuras. Tenemos un afán destructor como jamás, hasta el extremo que nos encaminamos hacia la negación y la supresión existencial, lo que aviva que nadie respete a nadie y todo sea sanguinario.

    Esto significa que la valoración moral y los horizontes a transitar, deben poseer una dimensión más justa y efectiva. De lo contrario, incluso la paz corre el riesgo de ser considerada como un negocio, fruto exclusivamente de los acuerdos entre los gobiernos o de iniciativas tendentes a asegurar privilegios económicos. Reencontrémonos, entonces. Lo importante radica en no perderse, en volverse mar adentro uno mismo.

    Es, en nuestros interiores, donde mora la bondad y también la verdad. Repito, por tanto, con la más vehemente convicción que la evidencia siempre está ahí. Es cuestión de sentirla y llamarla con la compasión que esto supone. La sinceridad permanecerá, todo lo demás será deshecho antes de que cambie la pleamar de la cosecha. De ahí, lo capital que es saber acogerse y recogerse, compartir y donarse con los brazos abiertos, elevados hacia lo celeste, hacia esa vida anímica, que es lo que realmente nos fraterniza a todos, estimando al prójimo hasta volverlo próximo. Esto nos requiere más desprendimiento que avaricia. La culpa no la tenemos más que los doloridos. Purga toca; sin duda.

    VÍCTOR CORCOBA HERRERO / Jaén

    Un Real Madrid sin sorpresas

    Este año comenzó con el Real Madrid en estado de inquietud. La salida de Xabi Alonso se interpretó como el origen de los malos resultados. La llegada de Álvaro Arbeloa, hombre de la casa, parecía la solución. El primer partido ante el Levante calmó, en parte, a una afición al límite tras una racha de tropiezos. Sin embargo, tres meses después, al conjunto blanco se le han escapado ya varios trenes de títulos, y solo le queda Europa, un desafío nada sencillo ante un Bayern en alza y difícil de eliminar. Se podrán achacar los problemas a las lesiones, pero los demás equipos también las sufren. Lo cierto es que tanto elogio y tanta confianza depositada en la plantilla han terminado por decepcionar a millones de aficionados en España y en el mundo. Es un claro ejemplo de egos, como tantas veces ocurre en política. La falta de colaboración entre las líneas del Madrid recuerda, en parte, a la división entre las fuerzas políticas. Un Madrid predecible, sin reacción y carente de esfuerzo, difícilmente puede aspirar a grandes metas. Vivir del pasado solo sirve para las hemerotecas. ¿Habrá una revolución real y una limpieza de plantilla?

    PEDRO MARÍN USÓN

    Apuntes del alma

    Los que saben ocuparse en cualquier cosa útil y agradable son los que viajan. Pero no pueden tomar el tren. Toman notas. No para aprender, sino para olvidar y tener un provecho en lo que se digiere. Eso es la lectura. Es una conversación íntima con el entendimiento, el sentimiento y el pensamiento. Todo puede desearse.

    ANA CACHINERO / JAÉN

    Cartas de los Lectores