Carta al director

    22 ene 2026 / 08:40 H.
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    Expongo que cuando estaba trabajando en el año 2024 realice trabajos extras como técnico cuando mi categoría es oficial de primera, en esa época gobernaba el partido popular como concejal Antonio Losa de mantenimiento urbano, el cuál me hizo un escrito como recompensa por los trabajos realizados en esos 6 meses desde enero a junio que equivale a 300 euros por mes total 1.800 euros. Lo cual se prolongó el trabajo de técnico hasta final de año. Esos pagos nunca me han sido abonados ya que se produjo la moción de censura. Tras consumarse esta, entró el PSOE al equipo de Gobierno municipal, entre ellos el actual concejal de Mantenimiento Urbano, Francisco Javier Padorno con el que estuve hablando y me dijo que siguiera haciendo los trabajos que con el no iba a tener problemas, pero que para cobrar lo trabajos hechos con el otro partido me dijo que me iba a doler la cabeza. Dejando claro que me iba a costar cobrarlo.

    Yo pensando que me iba a solucionar el problema ha pasado el tiempo sigo igual y me siento engañado. Hablé con el alcalde de nuestra ciudad, Julio Millán, y no me hizo ni caso. Hablé con el concejal Carlos Alberca y me dijo que ellos no dejaban nadie atrás lo cual mentira por qué sigo en la misma situación. Yo he realizado dichos trabajos para la mejora de la cuidad de Jaén independiente de los partidos que estuviesen. De hecho tengo pruebas de los trabajos realizados con documentos y testigos. Espero que se resuelva pronto esta situación.

    FRANCISCO RUIZ HERNÁNDEZ / JAÉN


    Para una persona libre, todo el mundo es su hogar

    Uno vive y debe desvivirse por vivir en comunión y en comunidad. Así, para un ser con corazón, todo lo que le circunda forma parte de sí y se vincula como genealogía, sustentado el nexo en la mutua lealtad y en el recíproco acatamiento. La humanidad debe concebirse como una estirpe adherida e inseparable, sustentada por la unidad colectiva, de la que no puede desligarse, ya que todos formamos parte de ese viviente poema interminable cargados de lenguajes diversos, pero bajo un solo pulso, el de la armónica existencia, a pesar de nuestro fondo de debilidad humana y de nuestra manera frívola de reconocer la vida. De ahí la necesidad, en este orbe globalizado, de que seamos promotores y animadores de solidaridad y respeto por la dignidad humana y los derechos fundamentales.

    Sin embargo, a pesar del aluvión de pesares, hay que soltar cadenas y elevar el ánimo, ofreciendo compañía y refugio, comprensión y amistad, cooperación y paz. Volverse pasivos es dejarse debilitar, justo en un momento en el que hay que oponerse a la violencia y al odio, aunque nos suponga esfuerzo y sacrificio. Nunca es tarde para renacer con un espíritu guerrero conciliador, donde brille el amor de amar amor, y reluzca la cultura del abrazo como abecedario de diálogo sincero, que es lo que nos da la fuerza necesaria para acercarnos entre sí con afecto y descubrir lo que nos une que es mucho más que lo que nos separa. En consecuencia, otro de nuestros deberes radica en vencer la codicia, que destruye tanto el espíritu humano como la tierra. Hay que fraternizarse; los humanos tenemos que sanear las injusticias vertidas unos a otros, que es lo que sanan las divisiones y fomentan los acuerdos.

    Lo prioritario, es no perder la esperanza nunca en saber discernir, para poder leer correctamente la historia que vivimos, que no se agota en el presente, ni se acaba tampoco entre encuentros fugaces y relaciones fragmentarias oportunistas, sino que se abre paso hacia el futuro. Ciertamente, el porvenir es nuestro, tenemos que laborarlo con gratuidad y gratitud, con coherencia de virtudes cívicas y compromiso social, de memoria en el legado y perseverancia, sobre todo para liberar a los mil cautivos y dar libertad a los oprimidos, que ya no pueden ni gritar, debido a nuestro abandono y dejadez. Desde luego, no hay mayor signo de vitalidad, que enraizarse en el verso de uno mismo para tejer una pulsación donante, que se va renovando día a día y sabe dominar sus pasiones para sentirse autónomo.

    Por eso, perseveremos en nuestro mar interior, hagamos silencio para escucharnos, cultivemos el equipo con nuestros semejantes, siendo justos para poder ser libres, que la libertad reside en ser dueños de la propia savia y en poder amar, sin fronteras ni frentes que lo impidan. Oírse, por consiguiente, es fundamental; en la medida en que se reconoce su propio derecho a existir y a pensar por sí mismo. No olvidemos jamás, que somos seres de palabra, que no podemos permanecer encerrados en sí mismo o, peor todavía, con el oído en el teléfono móvil. Con paciencia todo se alcanza, también la eliminación de enfermedades. Así, surgió con la adopción del acuerdo sobre Pandemias, todo un hito que refuerza la colaboración internacional y demuestra el valor del multilateralismo frente a la multitud de amenazas sanitarias universales. Volvamos, pues, a ese espíritu socorredor; mantenido por el calor doméstico, que no engaña ni defrauda. Realmente, debemos sustentarnos en la certeza de la inclusión, de que nada ni nadie puede alejarnos de ese contemplativo vínculo del alma sistémica, que lo único que genera es luz en medio de la oscuridad. Por tanto, comencemos por interpelarnos cada cual consigo mismo, haciendo parentela humanitaria, revolviéndonos contra la intolerancia y volviéndonos tolerantes.

    VÍCTOR CORCOBA HERRERO / JAÉN

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