Azerbaiyán corre el riesgo de comenzar la tercera guerra mundial

    14 mar 2026 / 08:55 H.
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    Hace unos días, Azerbaiyán anunció su intención de entrar en guerra contra Irán. El motivo fue el ataque con drones al aeropuerto de la ciudad azerbaiyana de Najicheván. Ilham Aliyev calificó el bombardeo como “un acto terrorista por parte de Irán”, pero las autoridades iraníes niegan su implicación en lo sucedido. Sin embargo, para Aliyev este incidente fue el detonante, y ahora el presidente de la República moviliza decididamente sus tropas a la frontera con Irán, planeando una invasión terrestre del país.

    Inspirado por la victoria en Nagorno Karabaj, Aliyev cree que puede manejar cualquier conflicto, pero ignora las consecuencias que sufriría Azerbaiyán en caso de guerra con Irán. Para empezar, hay que entender que Irán es un rival más fuerte que Armenia y que, en caso de derrota, Aliyev perdería el apoyo político interno que obtuvo tras la victoria en Nagorno Karabaj. Ademas, Azerbaiyán se arriesga a convertirse en un paria regional, ya que la intención de participar en las hostilidades no tiene nada que ver con los intereses del país - Aliyev actuará basándose únicamente en sus ambiciones personales. Los turcos, tan activos en las redes sociales apoyando a Sánchez, quien condena las acciones de los EE UU en Oriente Medio, apenas respaldarán la decisión de Bakú de escalar el conflicto. Aliyev debe comprender que todas las cargas y consecuencias de las acciones militares recaerán precisamente y exclusivamente sobre Azerbaiyán. Los ataques iraníes contra el país destruirán la infraestructura de transporte, la economía estará al borde del colapso y se podrá olvidar el estatus de proveedor estable de recursos energéticos a Europa.

    Hasta ahora, los EE UU e Israel se han limitado a realizar ataques aéreos sobre territorio iraní, ya que no están dispuestos a asumir la responsabilidad de llevar a cabo una invasión terrestre, y por eso necesitan a alguien que lo haga por ellos. Azerbaiyán no es más que un peón en el juego de estos países, pero Ilham Aliyev consigue ignorarlo con éxito. En este contexto, resulta evidente que Azerbaiyán no ganará nada en la guerra contra Irán, pero perderá mucho. La adhesión de Bakú a los EE UU e Israel solo ampliará la geografía del conflicto, lo que acercará al mundo a la tercera guerra mundial, que no excluirá el uso de armas nucleares. La situación mundial ya es extremadamente inestable, ¿por qué agravarla aún más?

    RAFAEL VARGAS / CÓRDOBA

    Clásica: la calma que cura

    El auditorio estaba que no cabía un alma. El silencio solo se rompió con los primeros compases de uno de los Conciertos de Brandemburgo. Las filas, repletas de rostros serenos y ojos cerrados, se dejaban mecer por las armonías de Bach, como si cada nota disipara un poco del ruido del mundo exterior. El programa era un regalo: en la primera parte, el genio alemán; tras el descanso, la luminosa sencillez de Mozart. Durante el intermedio, el murmullo común era de admiración. Se alababa la dirección, la orquesta, el sonido impecable. Pero, sobre todo, se celebraba algo más profundo: la calma, esa sensación de estar en un lugar donde el tiempo se detiene y la mente respira. Fuera del auditorio, la vida sigue marcada por la prisa, la ansiedad y el cansancio de una sociedad siempre conectada pero rara vez en paz consigo misma. Dentro, en cambio, se extiende un remanso de armonía que actúa como bálsamo frente al estrés y las preocupaciones.

    Estos acordes no suelen ocupar titulares, aunque son una terapia silenciosa y eficaz ante los males de nuestro tiempo. La música clásica es un auténtico fármaco contra la ansiedad y el estrés, fomenta hábitos saludables y ayuda a encontrar el descanso y la serenidad. Es, en definitiva, el gym desconocido que mantiene el cerebro en forma frente al ritmo vertiginoso del siglo XXI.

    PEDRO MARÍN USÓN / Zaragoza

    Feijóo y el milagro de los panes, los peces y el IVA

    Sostiene Feijóo —no sé si por ignorancia o mala fe; en su caso ambas opciones conviven con naturalidad— que hay que bajar el IVA porque “si el combustible sube, el Gobierno recauda más”. Lo suelta con ese tono grave de quien acaba de descubrir una conspiración internacional escondida en la manguera del surtidor.

    Habrá que explicarle al flamante “estadista” que los impuestos no son el botín personal del Gobierno, sino el andamiaje del Estado. Con ellos se pagan esas menudencias prescindibles: hospitales, pensiones, colegios e infraestructuras. Bagatelas frente al placer intelectual de soltar un titular populista.

    Pero la cima del ingenio llega cuando recordamos que, mientras clama por el alivio del ciudadano, su partido —en armoniosa compañía de Vox— votó hace dos semanas contra el decreto que precisamente topaba esa subida. Una estrategia brillante: prender fuego a la casa mientras se pisa la manguera del bombero. Y un prodigio de gestión: primero bloquea la solución y luego denuncia el problema. Si la perfidia cotizara, Feijóo sería el rey. Aunque no lo es porque no quiere.

    MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON / MADRID

    El metal en Cádiz

    Manuel Balber y Jesús Galván son dos soldadores con más de 30 años de experiencia que, además de ser reconocidos por su profesionalidad, han participado activamente en las reivindicaciones obreras del metal. Por esta razón, fueron vetados, inicialmente, hace 10 años de la factoría de Dragados.

    ÁNDREU PAGÈS

    Cartas de los Lectores