Amazon cura, el estado espera
La reciente decisión de Amazon de ofrecer servicios de salud para reducir las listas de espera debería obligarnos a reflexionar, no tanto sobre el avance del gigante tecnológico, como sobre la preocupante inoperancia del Estado del Bienestar en cumplir una de sus funciones más básicas: garantizar una atención médica eficiente y accesible para todos. Durante años hemos aceptado, casi como una fatalidad, que la demora en una cita médica o una operación sea un mal inevitable del sistema público. Pero cuando una empresa privada —nacida para vender libros y hoy convertida en símbolo del capitalismo digital— irrumpe para ofrecer aquello que el Estado ya no logra gestionar con eficacia, el problema trasciende lo económico. Estamos ante un fracaso de gestión y, peor aún, de propósito. No se trata de defender la privatización encubierta de la sanidad, sino de reconocer que la falta de innovación, agilidad y responsabilidad está erosionando la legitimidad del modelo público. Si Amazon puede garantizar atención en días y no en meses, el debate no puede limitarse a los riesgos mercantilistas, sino a la incapacidad de nuestras instituciones para adaptarse al siglo XXI. O reformamos el sistema, introduciendo eficiencia real sin sacrificar equidad, o acabaremos delegando en las grandes tecnológicas lo que antes era deber del Estado: cuidar de sus ciudadanos. Mientras, en este mes de marzo, nueva semana de huelga de médicos.
PEDRO MARÍN USÓN
En los albores de la Semana Santa
Señor Director: Si observamos detenidamente la realidad del mundo actual, las guerras, el maltrato de las personas, los asesinatos, la violación de todos los derechos ciudadanos y humanos, las innumerables injusticias de tan diversa índole, ... cabe en consecuencia preguntarnos: ¿Puede acaso causarnos extrañeza el juicio, pasión y muerte de Jesucristo? Estamos en Cuaresma, un tiempo para la reflexión, la conversión ante la ya inminente Semana Santa, cuando contemplaremos con cierto detenimiento los hechos que condujeron a Cristo al patíbulo de la Cruz y a su muerte. Ahora se disputan meros temas económicos, territoriales, armamentísticos... y así se justifican las muertes y tremendos sufrimientos de tantas personas inocentes. Y la muerte de Jesucristo ¿qué justificación tuvo? Él, que a tantos hizo bien: curó enfermedades, resucitó a muertos, dio de comer a multitudes, predicó la doctrina del amor, detestó la violencia... Él, por todo ello, fue escarnecido y llevado al suplicio de la Cruz. Él era el Hijo de Dios y eso fue, valga la expresión, la acusación más grave por la cual se le condenó. Pero en realidad fue Su ofrecimiento voluntario ya desde los tiempos de Adán y Eva. Fue precisa su muerte para librar a toda la humanidad de las ignominiosas consecuencias del pecado. Por eso se canta en la Vigilia de Pascua “¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!” Y la redención continúa porque el pecado continúa. La muerte de Jesucristo tuvo un carácter universal y un carácter de eternidad.
Para comprender mejor todo esto es necesario una razón primaria. Y esa razón primaria fundamental, y podríamos decir única, es el amor que Dios nos tiene: el amor de Dios derrota radicalmente al Mal. Jesucristo no redimió al mundo con unas palabras bellas o con unos medios deslumbrantes, sino con el sufrimiento hasta llegar a la muerte y una muerte ignominiosa. Todo ello nos conduce, o debe conducirnos, a una seria y serena reflexión sobre nuestra actitud personal ante la Cruz de Cristo en el Calvario. Pero todas estas consideraciones tienen, diríamos, un final esperanzador y es la Resurrección de Jesucristo: Él es la verdadera esperanza y la que reúne en sí toda nuestra expectación, nuestra confianza y nuestra perspectiva. Él es nuestro fin.
JUAN ANTONIO NARVÁEZ SÁNCHEZ / ÚBEDA
“P’alante”
Miguel Ángel Rodríguez, ese personaje de modales mafiosos apodado MAR, ha terminado imputado por la misma nadería que le costó el puesto al fiscal general del Estado: revelar datos protegidos. Existen, eso sí, diferencias notables. En el caso del fiscal no había pruebas y negó la mayor. En cambio, MAR, en un rapto de esa embriaguez tabernaria y prepotente que tanto lo define, se jactó de la filtración con la soberbia de quien se sabe intocable. Si el Supremo aplicó aquel rigor detectivesco de «él o alguien de su entorno» para condenar al fiscal por ciencia infusa, con MAR lo tienen en bandeja de plata: el reo confesó el delito entre bravuconadas digitales y hay pruebas. Mismo hecho, mismo destino... ¿verdad? Si MAR se va de rositas tras admitir lo que al fiscal, sin pruebas, le costó «ir p’alante», confirmaremos, una vez más, que en España el Código Penal se aplica según el color del carné. Pasen y vean: el circo de la justicia a la carta continúa.
MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON
Cómplices de la agresión de Putin
Este 18 de marzo del 2026, ante el Congreso, cómplices de un Putin que nos invade y mata desde hace cuatro años gritarán: “Presupuestos militares para fines sociales”. Durante muchos años fui con ellos, muchas veces como máximo aportador de sus pancartas anti OTAN. Con un Putin más dictatorial, esos “tontos útiles” pro desarme patrio son agentes, en su mayoría gratuitos, de nuestros más cercano y activo enemigo.
MARTÍN SAGRERA CAPDEVILL