Una nueva Cuaresma
Se nos va don Carnaval y llega la Cuaresma. Un periodo importante para la fe católico-cristiana y para el devenir de los pueblos. Guardan, entre sus muchas vidas, sus tradiciones y su identidad, y la Cuaresma es eso: identidad. Cofradías, ensayos, viernes de reencuentro; preparar el pueblo para esa Semana Santa que muchos ya tienen señalada. No podemos negar que la velocidad a la que se mueve la vida día a día es la que nosotros mismos le imponemos. Nos alimentamos de sensaciones. Una de ellas es la Semana Santa. Pero antes está la Cuaresma, que nos obliga a parar y a sentir la vida de los pueblos en su fuero interno. En esta columna hablamos de vida: los pueblos no se mueren, no hay una España vaciada sino una España viva. Estamos cansados de los términos acuñados desde los centros, lejos de la realidad cotidiana. Por eso pedimos parar, sentir, observar, ver la vida y no afirmar gratuitamente. Comprender que, en los pueblos, la velocidad se reduce y cada lugar mantiene una identidad innegociable. Hagamos propósito de Cuaresma: seamos parte de la vida de nuestros pueblos y no aquellos que dictan sentencias sin querer participar de la esencia.