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martes, 23 julio 2019
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Rafael Peralta

Reinventando el olivar

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De todos es sabido que el principal motor de la economía de Jaén es la producción de aceite de oliva. Este año el mercado nos ha sorprendido con unos precios en origen paupérrimos llegando a cotizar el kilo de aceite de alta calidad por debajo de los dos euros. Si convertimos masa en volumen significa que se están llevando de nuestras bodegas de aceite virgen a 1,70 el litro (la densidad del aceite de oliva es de 0,916 kg/litro). En el lineal, el consumidor sigue sin notar este brutal descenso y el litro se mantiene en torno a los 3,20, que aún entendiendo la participación en la cadena de valor de envasadores, distribuidores y comercio al menor, habría margen para un mayor descenso que no llegará. La estrategia es la de posicionamiento de esta grasa en el segmento de alta calidad lo que les permite vender a un precio mínimo de garantía. Esto genera una gran impotencia en nuestros olivareros al ver como lo que pierden ellos se lo embolsan las cadenas de distribución. Las expectativas son frustrantes. Esta campaña, con un enlace alto, se ha llegado al récord de producción a pesar de que otros países apenas han cosechado, y el consumo viene ligeramente castigado con los precios anteriores. A esto se le une la amenaza de grandes producciones mucho más eficientes que se introducen en el mercado como caminantes blancos procedentes del otro lado del muro. Los agricultores no pueden adaptar la oferta a la demanda como ocurre en el resto de sectores. Producen todo lo que pueden y a la mayor calidad posible. Lo hemos aprendido durante siglos y lo hacemos muy bien. Sin embargo nuestro sistema de producción nos aboca a la ruina teniendo en cuenta los precios actuales. Las diferentes administraciones, a pesar de las manifestaciones habidas, y las que habrán, apenas mueven un dedo. Las tendencias de las políticas agrarias son la ausencia de intervención y la defensa de los tratados de libre comercio, pero no son conscientes de la quiebra que para nuestra economía supone dejarnos en manos del mercado. Otros países se dejan la piel en medidas proteccionistas de los suyos, y aquí permitimos la despoblación del mundo rural en pro de una competencia paradójicamente llamada justa. Es posible que tengamos que reinventarnos el olivar como hace décadas. En la recolección se incorporaron las vibradoras a pesar de que llevábamos desde los romanos dando palos a los olivos. En las tierras se incorporó el sistema de riego por goteo, a pesar de que llevábamos siglos esperando que la virgen de la cueva regara nuestras tierras. En las almazaras innovamos con el sistema de molturación continua y la centrifugación vertical y metimos en museos las piedras de molino y los capachos. La reinvención del siglo XXI pasa por ser más competitivos. Es difícil que podamos serlo reduciendo costes porque ya hemos modernizado al máximo la recolección y en la mayoría de nuestras tierras la sustitución del árbol no es posible. Toca la competitividad por orientación al cliente. Este cada vez valora más el respeto al medio ambiente. Disponemos del mayor bosque cuidado del mundo lo que permite ser un pulmón que filtra el aire contaminado de la vieja Europa. Es lo que se denomina sistemas de fijación del Carbono regulado en el protocolo de Kioto. Esta es la medida y los gobernantes deben intervenir ya, porque en Jaén producimos calidad, generamos empleo, habitamos nuestros pueblos y, además, nuestros olivos limpian el aire.