Queridos Sabios de Oriente

07 ene 2026 / 08:23 H.
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Disculpad que me dirija de este modo, ser mago en la actualidad ya no significa sabiduría sino crear ilusiones falsas mediante engaños a la vista. Cada año os escribimos como quien compra lotería. Por costumbre, por esperanza y, a veces, por no reflexionar demasiado. Pedimos salud, trabajo, suerte y objetos de consumo con el pretexto de que venís a homenajear a los menores y, si queda hueco, paz. Pero esta no cabe en una caja con lazo. Ayer tarde, mientras las cabalgatas repartían caramelos, hubo menores que contaban explosiones. Os cuento algo que conocéis por lo difícil que es cruzar esa región: ayer leí en la prensa la desesperación de una madre gazatí: “Mi hijo estaba en mis brazos respirando y de repente se convirtió en un cadáver. Juro por Dios que intenté calentarlo”. El dolor de una madre que se culpa de la muerte por frío de su hijo. ¿Culpable de qué? ¿Podéis darme una respuesta? En Gaza, el recuento de la ONU supera las 71.000 personas muertas desde octubre de 2023. Es difícil verificar el número por géneros y edades. Los datos en las guerras no resultan accesibles, es un objetivo y un arma.

Es difícil describir el vacío de los miles de menores asesinados o heridos. Como conocéis, “Sabios”, el mapa del dolor infligido se amplía, según la ONU: en Ucrania, entre febrero de 2022 y diciembre de 2024, murieron 669 menores y 1.833 heridos; y solo en 2024 murieron 752 menores en Sudán, 438 en el Sahel, 190 en la República Democrática del Congo, 190 en Yemen y 180 en Afganistán. Los menores muertos y heridos en las guerras suelen ser tratados como efecto colateral. Para Gaza no se encuentran palabras, más de 50.000 menores muertos o heridos desde octubre de 2023 y, según Reuters, eleva a 20.179 los fallecidos solo en 2025. En España, en cambio, nos tranquilizamos con campañas de base ética con juguetes: “1.200 juguetes para 800 niños”, decía la publicidad, como si la aritmética del bien resolviera con plástico nuevo las necesidades de un menor. Confundimos derechos con regalos y caridad con políticas públicas. A un menor no le falta una muñeca: le faltan adultos con empleo, vivienda digna y asequible, casa caliente, una escuela que no expulse, un comedor que no sea la última red, una sanidad que no se mida por el código postal, y garantía de no ser expulsados de la tierra que les acoge. La pobreza es el miedo a la exclusión.

Os habrán llegado cartas pidiendo paz. Esta compite con la geopolítica que quiere imponerse por placas tectónicas sin reconocer fronteras, culturas, o derecho de explotar los recursos propios. Regreso al imperialismo extractivo. Se impone el unilateralismo del más fuerte, frente al multilateralismo imperfecto, pero necesario, que recoge la Carta de la ONU: diálogo, derecho internacional, acuerdos, límites. Sin eso, la “paz” es un silencio para las fosas.

Sin ingenuidad, espero que hayáis traído las palabras incómodas: responsabilidad y derechos. Que se deje de vestir la avaricia de generosidad, la hipocresía de piedad mediante regalos, la limosna como cuidado. Porque la paz no se consigue con la fuerza, no puede ser solo un deseo, sino compromiso de diálogo, el reconocimiento del otro y la protección efectiva de la infancia, no compasión. Solo así podrán crecer sin desprecio, sin intransigencia, sin codicia. ¡Seamos sabios y no magos!

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