¿Qué está pasando?

21 ene 2026 / 08:28 H.
Ver comentarios

Una pregunta: ¿Que está pasando? Leemos en la prensa los titulares de las noticias más impactantes a nivel global, y no damos crédito. Lo que hasta hace poco era considerado imposible, ahora es real. Y la cosa va a más. Es como si viviéramos en una serie distópica de televisión. Desde la irrupción de la inteligencia artificial nos vemos obligados a mirar las imágenes con detenimiento para comprobar si reflejan falsedades. Pero, últimamente, muchas noticias reales son tan ridículas que parecen falsas. Y nosotros que creíamos que a la realidad la teníamos domesticada, y resulta que está más loca y desinhibida que su hermanastra la ficción.

La habíamos encerrado, a la realidad, en la prisión de lo cotidiano, y pensábamos que estaba todo bajo control, pero parece ser que, de algún modo, consigue abrir la cerradura, y se escapa y se emborracha, y luego nos enteramos de que a la menor oportunidad se inventa presidentes esperpénticos, y normaliza la violencia y justifica injusticias y masacres, como si con ella no fuera la cosa. Y ¿qué será lo siguiente? La situación es tremenda. La realidad anda desquiciada, y no consiguen capturarla ni filósofos, ni sociólogas, ni analistas, ni periodistas. Ella les rehuye, juega al escondite, y se ríe de todos en su misma cara. Porque va de esperpéntica, ahora, la realidad.

Y algunos de los que la manejan están que se salen. Empezando por el Presidente de la Gran Superpotencia, que además de asumir el rol de referente moral, se ha adjudicado a sí mismo el papel de histrión principal de una especie de circo global, protagonizando a diario una suerte de show político-mediático, en el que introduce coreografías, exabruptos y todo tipo de bufonadas, que son recibidas con admiración y alborozo por una gran cantidad de seguidores. Y esto ya es el colmo para muchos de nosotros. En concreto, algunos de los que frecuentamos la comedia, estamos indignados por el intrusismo humorístico del sumo mandatorio. Y no es para menos, porque las declaraciones y los gestos del hombre más poderoso, que gobierna el destino del país más importante, son a menudo puro disparate, amplificado por los medios de comunicación y las redes sociales. El cinismo del personaje y de los que le rodean, está generando una delirante escena política capaz de hacer saltar por los aires los límites del humor. Y en este contexto solo cabe preguntar, ¿qué espacio le queda a la parodia?

Desde el mundo de la comedia, tenemos que manifestar que nos sentimos hostigados ante una intensísima competencia desleal que amenaza con eclipsar totalmente nuestra parcela de actividad. Las fronteras de lo ridículo están siendo traspasadas impunemente y dinamitadas ante nuestros propios ojos. La política de altura está invadiendo, sin previo aviso, el territorio del sarcasmo, y ni la OTAN, ni la ONU, ni El Club de la Comedia han sido capaces, ninguno, de levantar la voz para oponerse ante semejante ruindad. No le bastaba, al poderoso entre los poderosos, con amenazar las relaciones internacionales, las soberanías territoriales, las garantías sociales, los derechos y libertades, y el multilateralismo, y hacer que peligre la paz mundial, también se ha empeñado en poner en jaque al humor. ¡Y a eso no hay derecho, porque si encima no nos podemos consolar con la sátira! ¿Qué nos quedará ya como desahogo?

Articulistas