Prioridad nacional
Es un concepto indeterminado que se incorpora como arma política arrojadiza, invocando para ello una legítima aspiración difícil de concretar; señalar esta prioridad como objetivo significa, según se mire, poco o mucho; ¿es que hasta ahora no está España y los españoles en el punto de mira de toda acción política en nuestro país? ¡Mal vamos si así fuera! Pero no somos una isla lejana ni un mundo apartado que emerge, estamos imbricados en una comunidad supranacional, una estirpe histórica y somos del género humano que ocupa este pequeño mundo. Tenemos unas normas que libremente nos hemos dado: la Constitución, artículos 13 y 14, y el Código Civil, cuyo artículo 27 establece: “Los extranjeros gozan en España de los mismos derechos civiles que los españoles”. Si la prioridad fuera más allá de un buen deseo o un brindis al sol requeriría una amplia reforma legislativa contraria no ya a posicionamientos éticos o religiosos, sino al artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que me gusta recordar: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.