Pascuas son
Qué nos gusta una fiesta. Sobre todo coger la fecha tradicional y someterla a las modernuras. ¿O creen ustedes que Los Santos sin el truco o trato coexistirán con los buñuelos? ¿Qué es de la Navidad sin las luces del centro, las compras del Corte Inglés, el calvo y el gordo de la lotería (no se me ofendan) o los cubatas de la Santa? Pues eso. Las tradiciones son el origen. Son la base de nuestra cultura, pero si no pulsamos F5 y actualizamos información, dormitamos en el NODO, el UHF y el VHS. Quién imagina la noche del Abuelo sin las tapas del abuelo o los churros del Colón... San Lucas pasó de ser una feria de ganado a ser paso del mismo, escaparate de chicos en linos y morenas de tirabuzones con volantes ceñidos. Y, San Antón, patrón amante de los animales y la naturaleza (si levantases la cabeza ronchas te salían con la 2030...), establece la fecha limítrofe entre las Pascuas y la temporada agnóstica. Mucha tradición de las lumbres, que los taladores para sí la quisieran y quemar al amigo ramón lleno de támaras. Pero sin la carrera internacional, sin esos runners que entrenan por mitad de la calle cuáles fondistas reconocidos, no seréis nada. Sin fiesta no hay tradición. Sin birra no hay afición.