Los chinos tienen futuro

    11 abr 2026 / 09:37 H.
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    De un tiempo a esta parte han ido surgiendo como hongos en otoño y ya es muy normal encontrar en cualquier barrio de todos los pueblos y ciudades de España uno o varios negocios regentados por los chinos. Esos locales que venden cachivaches, golosinas y artículos de lo más variopinto, permanecen abiertos y operativos a todas horas todos los días de la semana, de modo que nos hemos acostumbrado a ir a buscar al ‘chino’ solución a cualquier urgencia doméstica con la convicción de que encontraremos remedio eficaz a un precio ajustado porque son gente práctica, con evidentes deseos de progresar, capaces de trabajar cuanto sea necesario para producir mucho y ser competitivos en cualquier mercado.

    Cada vez que voy a comprar a uno de esos negocios veo cómo suelen tener conectada alguna cadena de televisión o programa de internet que emite en su idioma y les mantiene unidos a sus costumbres. Les veo actuar y tengo la impresión de que todos son iguales, que pertenecen a una misma familia y que incluso viven en algún rincón del mismo local. Me asombro de su capacidad de resistencia a esas condiciones de trabajo y forma de vida. A veces pienso que la familia debe ser un nexo muy fuerte en esa sociedad, quizás la piedra angular que la sostiene, porque todas las personas que pertenecen a la misma familia se sienten seguras trabajando juntas y cooperando siempre para conseguir progresar unidas. Y ese sentido y concepción de la familia se transmite de padres a hijos y permanece siempre porque los padres cuidan y educan a los hijos para que tengan el mejor futuro posible y a su vez los hijos cuidan de los padres cuando llegan a la vejez. Es una forma tradicional de vida que se ha perdido en la sociedad occidental

    Pero no todo es como parece, porque he leído el testimonio de personas que tienen experiencia de vivir y trabajar en China durante muchos años y dicen conocer bien el carácter de ese pueblo, que en realidad está formado por personas muy individualistas y con la necesidad de ser autónomos y autosuficientes. Esa es una de las claves del éxito de ese país porque la ambición individual de triunfar en la vida es la clave del progreso colectivo.

    Por otra parte, en su país los servicios sociales son casi nulos y no cubren ningún tipo de necesidad colectiva porque cada persona tiene que pagarse por sí misma la sanidad, la educación y demás necesidades con su propio esfuerzo. Esto resulta contradictorio con las normas de los países occidentales y desde nuestra forma de concebir la sociedad resulta muy descarnado y casi inhumano, pero es eficaz para conseguir riqueza colectiva porque es evidente que la riqueza si no se reparte siempre queda disponible para reinvertirla y producir más. En la sociedad china no hay subsidios, porque aquel que no trabaja, estando en condiciones de hacerlo, no tiene derecho a nada. Y sin embargo China pasa por ser el país donde ha triunfado el colectivismo y el régimen comunista, pero la realidad es que, en los años más duros después de la revolución, los chinos aprendieron que sólo era posible prosperar en base al trabajo de cada uno de ellos y desde niños supieron que tenían que ser competitivos en todos los ámbitos de la vida. El éxito de cada individuo es la clave del éxito de la sociedad y es evidente que en la actualidad China no sólo es la potencia emergente, sino que en realidad es la única potencia mundial con mayor probabilidad de ser la más próspera y con mejor futuro, sobre todo si los Estados Unidos continúan con la política actual. La historia nos enseña que todos los imperios han surgido, se han desarrollado, han llegado a la cima del poder y han ido decayendo hasta desaparecer o ser sustituidos.

    En la actualidad, los Estados Unidos están en pleno apogeo, tienen el mayor poder militar y económico y tienen la máxima influencia a nivel global, pero han iniciado el declive cultural y democrático basando su actuación en el uso de la fuerza e incluso en demasiadas ocasiones la guerra, lo que implica un desgaste permanente. China, sin embargo, está en fase ascendente y en expansión a nivel mundial, ganando poder económico y conquistando posiciones claves en todos los sectores de la economía, materias primas y tecnología incluidas. Los chinos no tienen prisa, tienen futuro.

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