Lo que nos hizo grandes
Lo que hizo grande la Semana Santa tosiriana desde siempre y logró su declaración de interés turístico andaluz fue el esplendor de sus pasos, la riqueza de los ajuares, el orden de los desfiles, su acompañamiento musical y el seguimiento de las tradiciones seculares de su rica historia cofrade. Se asimiló con éxito el cambio de andas a costal en algunos pasos; menos justificada está la colonización sevillana de usos y dichos ajenos a nuestras costumbres. La cíclica falta de penitentes, anderos o costaleros, produce cortes y retrasos en los desfiles y un cierto desorden endémico de horarios, consentido por la ausencia o falta de decisión de un órgano coordinador poco eficiente. Peor resultan los cambios arbitrarios de la tradicional estación de penitencia que marca los hitos religiosos de templos y ermitas que lo jalonaban y deberían ser respetados por su carácter penitencial; ello no impide, si es necesario, reducir la estación, pero sí alterarla. Es una pena que la antes solemne procesión del Miércoles Santo, con cuatro pasos preciosos y dos grandes cofradías, siga hoy distintos itinerarios que impidan su pública contemplación como un todo armónico y unitario como siempre ha sido.