Leer a Simenon

16 feb 2026 / 08:44 H.
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Georges Simenon es el narrador infinito. Creó novelas que provocan adicción. Porque Simenon fue un maestro en el arte de narrar, de contar, de atrapar con palabras al lector con una historia maravillosamente descrita llena de suspense que deja a los lectores atados a un sillón con ligaduras de sintaxis. Simenon es el escritor en estado puro, tuvo una vida intensa, larga, con luces y algunos ángulos oscuros, pero vivió para volcar su experiencia y lecturas en el papel, para dejar novelas vivas. Y así siguen, pese al paso de los años. Continúan asombrando. Más vale no aproximarse a ellas si alguien huye de las adicciones. Porque Simenon describió como nadie el alma humana, las fortalezas y debilidades de los hombres y las mujeres, la fuerza a la que se puede llegar desde la debilidad. La crueldad. Afirma uno de sus personajes: “El oficio de hombre no es fácil”. En “La casa del juez” (Tusquets) abre en canal el alma de un hombre; “Tres habitaciones en Manhattan” (Anagrama) es una colosal historia de amor triste impregnada de noche y soledad; en “La casa de los flamencos” (Debolsillo) el comisario Maigret (su gran creación literaria) da continuos paseos reflexivos a través del costumbrismo de un pueblo marinero francés; y en “Liberty Bar”, Maigret comprende las razones de una vieja enferma y opta por dejar el caso en el aire. Simenon pisó la alfombra de los palacios, pero observó la vida sentado en sillones tapizados de rojo de prostíbulos parisinos con aroma a perfume clandestino. Simenon cuenta, pero no juzga. Leyó ávidamente a Alejandro Dumas pero, sobre todo, se dedicó a vivir y escribir.

La editorial Penguin Random House reedita ahora las novelas de Maigret. Acaba de publicar “Las memorias de Maigret”, una joya literaria, en la que Simenon se convierte en personaje, en un joven literato que aspira a escribir novelas policiacas y visita al comisario para que le expliqué cómo funciona la Policía por dentro. Y ha sacado “El muerto de Maigret”, sensacional novela sobre los bajos fondos del París de la época, con una gran carga de acción, al contrario de otras protagonizadas por ese implacable policía de andar pesado y fumador de pipa, que “entra en los casos como en unas zapatillas”, que la mayoría de las veces avanza reflexivamente a través de la historia, pero aquí se halla en un thriller de noches en vela y redadas, con prostitutas que dedican gestos obscenos a los guardias y tipos mugrientos: “Debía oler peor que de costumbre, porque el miedo huele mal”. Maigret frente a una banda de asesinos que conmociona a Francia. “Jean Bronsky era una fiera más peligrosa aún, una fiera vestida por el mejor sastre de la plaza Vendôme; una fiera con camisa de seda que había cursado estudios universitarios y a quien el peluquero acicalaba cada mañana como a una mujer presumida”. Se han vendido millones de libros de Simenon, es muy seguido en numerosos países europeos, sobre todo Italia, pero en España cada vez tiene menos lectores. Aquí gusta, sí, la novela negra, pero Simenon entregó libros policíacos en los que la vida fluye con todos sus claroscuros. En los libros de Simenon la nieve estaba sucia. La sordidez de los días impregna cada relato. El hombre que miraba pasar los trenes tenía graves rasguños internos. El trazo de este escritor es sublime. “Y la señora Loiseau, que no había abierto la boca desde la llegada de su marido, seguía sonriendo con una sonrisa de maniquí de cera en la vitrina de un peluquero”. Simenon, decíamos...

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