Lección de posibilismo
En semanas pasadas en Hungría nos han dado una lección de posibilismo. Se trataba de desalojar a un primer ministro que ejercía según sus tendencias autócratas y el modelo que le guiaba de Putin (su más amigo) y Trump (su oráculo). Los ciudadanos lo entendieron perfectamente y validaron la retirada de la oposición de tinte izquierdista para volcar sus votos en quien podía relevarlo con éxito (como así sucedió). Pero por tierras hispanas y andaluzas esta maniobra no se lleva. Nadie cede, nadie deja su protagonismo más o menos real, nadie se quiere convencer de que la atomización no lleva a ninguna parte sino a facilitar el acceso a quienes pueden condicionar o chantajear al que no llega para gobernar con la seguridad de no estar siempre en precario. No, lo hemos visto en elecciones recientes a algunas autonomías, se imponen los que obtuvieron menos votos que el mayoritario. Y, obviamente, se practica el trágala. Se podría evitar si los que no tienen opciones reales de gobierno se hiciesen a un lado y recomendasen a afiliados y simpatizantes (con la nariz tapada) el voto para quien así tapone el acceso al chantajista de turno.