La reina desnuda

    04 abr 2026 / 09:44 H.
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    La reina va desnuda ante el mundo. Europa se ha autodestruido moralmente y se ha mostrado desnuda ante los ojos del mundo, se ha quedado vacía de autoridad y de razón al destruir los fundamentos mismos del proyecto que decía representar. Aquella Europa que nació del horror y la atrocidad y quiso ser un baluarte contra la guerra, aquella Europa que nació para que las guerras mundiales, los genocidios, los exterminios industrializados y el hundimiento moral del ser humano no se repitieran, ahora prefiere colocarse al lado de los que reducen el orden internacional a una estructura de poder donde unos pocos deciden de forma unilateral qué reglas deben regir y en qué momento deben dejar de hacerlo. La poca dignidad que le quedaba a los dirigentes europeos se ha perdido por completo, con excepciones como la del presidente del gobierno español. Los dirigentes europeos invocan el derecho internacional dependiendo del momento o el lugar; condenan a los líderes autoritarios, pero depende donde manifiesten su autoritarismo; defienden a los pueblos, pero depende de quién los domine y reprima; reclaman la dignidad del ser humano, pero depende del pasaporte de las víctimas. Si dejamos de reclamar las mismas leyes para todos y la paz no solo no se va a acabar con los conflictos, sino que, además, va a desaparecer la civilización y la vida y vamos hacia la barbarie. Los ciudadanos debemos reclamar, aunque nos parezca poca nuestra aportación, coherencia, legalidad y humanidad. La paz no es un regalo que caiga del cielo ni una petición idealista, es algo que se construye poniendo límites al poder y con unos ciudadanos vigilantes decididos a pelear por ella y por una construcción política que exija coherencia.

    Europa nació de una lucha contra el nazismo y el fascismo, nació como un proyecto de cooperación entre unos pueblos que sufrieron y que aprendieron que la violencia y el nacionalismo beligerante solo conducen a la barbarie y la devastación. Nació como una ilusión de paz, derechos humanos y democracia. Aquel espacio político nuevo se iba a fundamentar en el derecho y no en el uso de la fuerza; se iba a construir desde el acuerdo y no desde la dominación y se iba a basar en la lógica de la convivencia y no en la del imperio. Ahora, Europa ha perdido toda autoridad moral en el mundo cuando acude a la legalidad internacional solo cuando le interesa para sus objetivos y de forma arbitraria y selectiva y no recurre a ella como un principio universal. Los derechos humanos o el derecho internacional no se pueden utilizar como arma arrojadiza contra los adversarios y, a la vez, como hacen los dirigentes europeos, guardar un silencio cómplice cuando sus aliados los vulneran. El orden internacional está basado en unas reglas que no se pueden aplicar según interese a las alianzas de poder o estrategias. Vivimos en una Europa donde el relativismo moral campa a sus anchas y donde nuestros dirigentes han hecho del juego sucio la norma para legitimar que unos pocos actores establezcan de forma unilateral las condiciones y las reglas a su gusto y capricho.

    Europa ahora es más que nunca una ilusión y un sueño perdido que se iba a construir hacia el interior para proyectarse al exterior como la gran defensora de la dignidad humana, del derecho y la multilateralidad. Nuestra Europa, la que ha renunciado a sus ideales fundacionales y ha dejado de pertenecer a sus pueblos, no ha sido capaz de reconocer que en la nueva crisis de Oriente Medio hay que reprochar al gobierno estadounidense su intervención militar por no respetar ni el derecho internacional ni sus propias leyes, que hay que reprochar al gobierno de Israel su continuada e inhumana transgresión de las leyes internacionales y de los derechos humanos, y que hay que hacerlo junto a la denuncia de un régimen como el iraní que desestabiliza esa región y el orden mundial a la vez que asesina y oprime a su población. Europa, si fuera lo que quiso ser como proyecto político y social, debía haber expresado un mismo e inequívoco reproche y no haber señalado a un único responsable, tal como ha hecho.

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