La misteriosa vida
Llamamos vida a lo que cada día vivimos al abrir los ojos, hasta volver a cerrarlos de nuevo y perder la consciencia con los sueños. También he oído que en cada sueño morimos y al despertar renacemos. De lo que estoy segura es que no nos educan para hablar y mirar a los ojos a la muerte. Para la mayor parte de la gente, hablar de la muerte es tabú. Por lo que son los cementerios, esos recintos con cipreses los que albergan el misterioso finiquito que llega con la enfermedad, con un accidente, o por una opción personal, los que albergan flores, fotos, lápidas y tantas muestras de la muerte terrenal. Quizás por eso, en España, los cementerios se sacaron a finales del siglo XVIII y principios del XIX fuera de la población, para que no formasen parte de la vida. No sé. Quizás fue el miedo a morir, de quienes decidieron donde se establecen los camposantos en las poblaciones, y querían que estuvieran lo más lejos posible de ellos. Hablando con Sergio, un joven con el síndrome de Williams, me preguntó: ¿Por qué existe la muerte? Pensé decirle que no lo sabía, pero le dije la verdad: Que la misteriosa vida es un tándem con la muerte, que la una no es nada sin la otra. Yo sigo aprendiendo de ambas.