Fuegos fatuos

    02 feb 2026 / 08:21 H.
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    El miedo es un fuego que no calienta, un abrazo que no cierra. La metáfora misma es un miedo a no encontrar las palabras adecuadas. Abandono el artificio, como olvido un paraguas, y pienso en el miedo a la oscuridad, al abandono y a la risa. La oscuridad como lo desconocido, el abrazo que a tu padre le cuesta darte, el beso que no diste. El abandono como el cumpleaños que no celebraste o, peor, festejaste llorando a los dieciséis años. La risa como los instantes que te prometes, aún con tristeza en los ojos, la felicidad que te niegas. El miedo te eleva solo para dejarte caer, porque no hemos sido criados para enfrentar lo que sentimos sino para decir, falsamente, que no necesitamos la aprobación de los demás, una triste isla. Aún teniendo su cariño lo cuestionas porque temes que el tiempo pueda volver atrás, puedas dejar de significar, y entonces dejas de ser tú mismo..., menudo artificio. El miedo se convierte en corteza cuando descubres que todo vale la pena, en el momento en el que no te niegas sentir, y porque no te niegas, eres, y porque eres, sois. A veces la felicidad no solo quiere un abrazo, y se queda a dormir a tu costado.

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