Flamenco décadas atrás

    29 nov 2025 / 08:53 H.
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    La Peña Flamenca de Jaén, se encontraba ya operativa, con anterioridad al fallecimiento del dictador Franco, si bien no estaba formalmente constituida. En la revista “Candil”, en trabajo titulado “Memoria de Rafael Romero”, quien esto escribe, dejó publicado: “Recuerdo que estallaba ya la primavera en los viejos álamos del Parque de la Alameda. La esperábamos aquel grupo de amigos con la misma unción que en el pasado invierno habíamos esperado el eco de un tercio de soleá, en vivo. En Jaén, año mil novecientos sesenta y tantos, los días que preceden a la madrugada del Viernes Santo, bajan del Barrio de la Merced cargados de fragantes densidades. El “exultat” de la Resurrección se adelanta, en esta ciudad. Diría que se muestra ya, cuando aún el bulto de la noche cae sobre la Plaza de Santa María, baja “El Abuelo” por el Cantón y discurre por la Carrera de Jesús, estremecido por el fervoroso quejío de las saetas: “Polluelas” y Rosario. El cielo entretanto se destiñe en el azulón del alba, y más tarde en el gris insustancial del sol primero.

    Para mayor precisión, donde se dice “...año mil novecientos sesenta y tantos, hay que entender que se trataba de 1969, es decir, viva aún la opresión del régimen franquista. El primitivo grupo de personas que conformábamos la Peña Flamenca hallaba el necesario amparo económico en el Aula de Cultura que dirigían Ángel Martínez Villén y quien realiza esta comunicación, los cuales interesaron junto a la poesía de Gloria Fuertes y el cante de Sofía Noel y muchos otros preclaros escritores tuviese cabida el estudio del genuino cante jondo y la posibilidad de viajar a Córdoba y Sevilla para ilustración en el sufrido seiscientos del primero de los presidentes de esta Peña Flamenca, José Solís Rostaing. Así pues, ya ha transcurrido más de sesenta años desde que aquella entidad adquiriese públicamente el compromiso en Jaén de ejercer la defensa del Flamenco, en su versión más autentica, para lo cual fue necesario devorar una bibliografía ya emergente sobre la historia de esa expresión artística. Desde el legado de Demófilo, padre de los Machado hasta la generación del 27, pasando con anterioridad por García Duran Muñoz, “Andalucía y su cante” (Madrid 1962), “Flamencología” de González Climent, “Mundo y formas del cante flamenco” de Ricardo Molina, y en general todos los escritos de Blas Vega, Fernando Quiñones, Félix Grande, sobre flamenco. En Jaén para oír verbigracia un liviano y sensiblero fandango había que acudir a un prostíbulo. Se trataba, entre otros motivos, el de indagar si existía alguien en esta ciudad capaz de realizar un cante por soleá o de adentrarse en el mundo de la siguiriya y si tal búsqueda no alcanzaba el fruto, fomentar el conocimiento riguroso del flamenco, a través del testimonio que pudieran ofrecernos los viejos maestros, artistas más significativos de aquel entonces, en festivales o recitales que organizaba la Peña Flamenca de Jaén. Desapareció la revista de Flamenco que ideara, en Ceuta, Francisco Vallecillos y casi, sin solución de continuidad, se publicó el número 1 de la revista “Candil” que tuvo desde un principio una acogida espectacular entre quienes sabían y oficiaban de maestros en la indagación del arte flamenco. La revista Candil que edita la Peña Flamenca de Jaén, aún en la actualidad, ya constituye el proyecto de cultura más longevo que se ha producido en Jaén. No creo necesario insistir en la transformación que se ha producido en esta ciudad como receptora del Flamenco que ha venido ofreciendo la Peña Flamenca y con nuevos y muy preparados gestores viene ofreciendo esta revista. Yo creo que debería existir, por parte de las instituciones, un reconocimiento explícito de la función desarrollada por la Peña Flamenca de Jaén, en favor del conocimiento de esta expresión artística, reiteramos, la más estremecedora que pueblo alguno haya alumbrado.

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