Festiva noche de Reyes

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Algunas veces por estas fechas me gusta pararme y analizar la vida en la que estoy inmersa. Todo lo miro con despacio. Con lupa quizás, sin tibieza y sin ningún adorno. Demasiada acritud para conmigo misma (pienso). Creo que es bueno mirar al horizonte de frente y sin prebendas, la verdad es que no sé por qué se cambia así. Precisamente en estas fechas, cuando todo son sonrisas y jaranas. Me gusta la Navidad. Siempre me ha gustado, me gustan los regalos, la familia unida y todo lo que se pueda hacer para alegrar el ambiente y la unión entre los nuestros. Quizás porque la vida pasa muy deprisa y nos vemos más débiles y abrumados ante tal aluvión de aconteceres. Los años son ingratos, todo pasa con mucha prisa, cuando, en realidad, las fiestas tienen su momento justo. Su prisma llega con su brillantez en su momento. Hoy nos visitan los Reyes de Oriente, fiesta familiar y de alboroto para los “peques” por antonomasia, sueños de espera e inquietud con magia en la mirada de cada niño y niña. Hay que ser insensible para no enternecerse al mirar las caritas con inquietud y fantasía y la espera calcada en sus rostros impacientes y el despertar glorioso de la mañana siguiente. Felices Reyes a todos.

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