Esteso y el “destape”

09 feb 2026 / 08:34 H.
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Parece que el cine setentero vuelve a colocarse en “el candelabro” como dijo alguien en un alarde de castiza y chapucera revolución idiomática. Y lo hace, como suele ocurrir en nuestra España, tras un adiós, una pérdida que nos aprestamos a reivindicar cuando fallece uno de los protagonistas. Las altas esferas de la crítica, la política e incluso el pensamiento fascicular de la modernidad han denostado siempre aquel cine, aquellas películas que arrasaban en taquilla mostrando un país que germinaba de nuevo tras la cinta opresora que no solo opacaba los sonidos linguales, léase la libertad de expresión, sino que también se aflojaba, y de qué manera, en cuanto a su función de sujeción y mantenimiento en su púdico lugar del vestuario íntimo femenino.

Era “el destape”, esa romería de chicas en edad de merecer que, a la menor de cambio, dejaban atrás pesadas indumentarias de rico encaje semitransparente para mostrar sus interiores a la cámara. Tras ellas, muchas veces suecas o de exóticas procedencias, corrían apabullados, encendidos y ansiosos parte del elenco masculino que, por supuesto, rara vez o nunca aparecían en el mismo trance que ellas. Un calzoncillito blanco o un bañador tipo “Pepito Piscinas” ya eran lo sufrientemente explícitos para entonar el aplauso del público —machos hispánicos a la caza— que llenaban las salas cinematográficas. Y las llenaban de verdad. Es conocida la anécdota del triunfo en recaudación de “Los Bingueros” ante el estreno de “La guerra de las Galaxias” en una España recién nacida a un tipo de libertad que se abría paso bragueta en ristre. Nombres como Susana Estrada, Victoria Vera, Nadiuska, Bárbara Rey, Silvia Tortosa, Eva Lyberten, Sara Mora, Victoria Abril o Ágata Lys, entre muchas otras, fueron actrices que, para trabajar, tuvieron que “resfriarse” con poca ropa por los platós. Años después una película “Los años desnudos” nos mostraba aquel tiempo pasado de la mano de Candela Peña, Mar Flores y Goya Toledo junto a una grande del género: Susana Estrada, que esta vez interpretaba a una periodista feminista contraria a la manipulación erótica de la mujer en el cine.

Imposible seguir sin recordar algunos hitos en el imaginario popular. Uno, en “El amor del capitán Brando”, Ana Belén, sí, ella, se miraba en un espejo “de medio cuerpo” sin ataduras ni corsés. En similar pose aparecía, por citar algún caso de película de culto, Alicia Sánchez en “Furtivos”. Y otro, muy sonado en la época, fue en “La trastienda” con nuestra paisana María José Cantudo en el primer desnudo integral frontal hasta entonces. No olvidemos tampoco que, en realidad, el primer pecho desnudo fue el de Elisa Ramírez en “La Celestina” de Fernández Ardavín en 1969, aunque tras unos translúcidos visillos.

Uno de los directores que más se identifican con el género, sin olvidar que las películas antes citadas las dirigieron Jaime de Armiñán, José Luis Borau y Jorge Grau entre 1974 y 1976, como antecesoras de lo que habría de venir, fue Mariano Ozores. Y con él llegamos al homenaje que ha dado pie a estas líneas. Se ha ido a alguna sala de cine perdida en esos universos lejanos Fernando Esteso. Y en su partida se han reverdecido los aplausos que tantas veces acompañaron sus actuaciones no solo en el cine sino en teatros de variedades, televisión o giras musicales. Aquella España en la que triunfó junto con su inseparable compañero Andrés Pajares mucho ha cambiado y para bien. Aquella efervescencia de libertad sin ira se cimentó y crecimos con ella, pero no podemos olvidar que el germen de todo lo que había de llegar aparecía en esas películas de bajo presupuesto y mas bajo aun presupuesto en vestuario femenino. Aquella España del seiscientos vivió la legalización del juego, la llegada del divorcio, el auge del turismo y tantas otras novedades que aparecían, como un estudio sociológico en aquel cine. Y Esteso siempre estuvo ahí. Tuvo que llegar Santiago Segura para rescatarlo del secular desprecio. Pero esa es otra historia. Gracias, Fernando.

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