En el banquillo
No sé si hemos naturalizado que los políticos pasen por el juzgado, para que expliquen qué hacen con el dinero que tienen que gestionar por el bien común. Triste porque devalúa la importancia de la política a un entretenimiento, lo que permite convertir la vida política en un circo de dos pistas, donde, además, le da un protagonismo a los jueces inmerecido. Tenemos lo que está ocurriendo con un juicio, en líneas paralelas, donde se juzga por un lado, a un grupo de vividores que desde el PSOE se aprovecharon de sus cargos para pagar una vida tormentosa. Nada que no hayamos visto antes. Y, por otro, tenemos el juicio que lleva a sentarse en el banquillo a políticos del PP, policías y responsables de la seguridad que utilizaron recursos del Estado para extorsionar de manera oscura. La coincidencia de ambos juicios tiene algo de involuntariamente barroco: el Supremo escucha “el caso de las mascarillas”, mientras que la Audiencia Nacional ventila la “Kitchen”. La política española comparece así entre lo sanitario y lo doméstico, entre lo que se puso para cubrir la boca y lo que se cocinó para que algunas cosas no salieran a la luz. Así, pues, España parece haber descubierto una nueva rama del derecho penal: la higiene institucional aplicada.