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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

El ejemplo maya

El apogeo maya duró más de 2.000 años. Sin ríos ni afluentes, recogieron la lluvia en cisternas (chultún), aterrazaron, canalizaron, regaron, cultivaron milpa y dominaron la naturaleza. Insólitos astrónomos, ingenieros, escultores... construyeron ciudades y pirámides monumentales y, de repente, desaparecieron. Mediante estudios y técnicas de vanguardia, arqueólogos, como David Lenz, han descubierto las causas: Deforestaron la selva... Talaron hasta el 70% de la masa arbórea; generando un cambio climático regional. Las hojas por evapotranspiración devuelven a la atmósfera agua de lluvia y generan humedad: menos árboles, menos precipitaciones. Los bosques tienen un efecto albedo bajo; absorben mucho calor y reflejan poca radiación solar: menos árboles, más radiación. ¡Y dejó de llover! Y, cuanta más sequía sufrían, más bosque talaban y más edificios construían para calmar a sus dioses. Hambre, desnutrición, enfermedades, guerra y muerte los empujaron al fracaso y al exilio. Destruimos la naturaleza mucho mejor que los mayas... ¿Qué nos espera?