El dictado olvidado
En estos tiempos oscuros de pantallas, en los que el “Efecto Google” reduce el pensamiento abstracto de nuestros jóvenes, sería interesante recuperar el ideal de “Enseñar deleitando”, propuesto en la Ilustración (S. XVIII), según la máxima del poeta Horacio. Y esto está al alcance de todos con un sencillo dictado... Para ello, se podría usar el libro de “El Conde Lucanor” que, en sus 51 cuentos, aporta diversión, sabiduría y enseñanza. Un dictado diario de cinco líneas, motivado por una pequeña recompensa, le ayudará al joven a mejorar su caligrafía, eliminar faltas de ortografía, aprender a colocar los signos de puntuación, a leer con entonación y velocidad... Además, buscando dos palabras en el diccionario y formando frases con ellas, aumentaría su vocabulario y fomentaría su creatividad. Después, un divertido dialogo sobre lo que hacen y dicen los personajes, permitirá a hijos, sobrinos o nietos dar su opinión y responder a las preguntas mágicas: ¿Te parece bien lo que dicen y hacen? ¿Por qué? ¿Qué harías tú en su lugar? Un dictado da para mucho.