¿Dónde estás, verano?
Dónde estás, verano, que no me respondes, dónde ha ido ese fuego de tus manos, dónde las horas largas donde la luz reinaba sobre el reloj, que marcaba las horas, mientras el compás de sus agujas recorría el camino en una esfera de un tic tac de latidos. Dónde fueron tus alegres pasos en noches estrelladas, cuando la luna se peinaba sobre el agua del estanque del parque. Y dejaba su plateado manto sobre la fortaleza que reina allí en la altura, que custodia a Jaén en una melodía de cálidos luceros. Dónde tus caricias cálidas sobre la piel del mar cuando el ocaso pintaba de colores el cielo en el poniente. Y esos amaneceres dulces de miradas serenas cuando el sol se asomaba sobre la pasarela y se extendía su luz entre el verde de pinos y olivares. Dónde fue tu magia de calores, de fuego..., en las horas tranquilas de la tarde.
Dónde te has ido que no puedo, si quiera, sentir un ápice de ti, ni notar tu presencia por donde mis pasos discurren ahora. Dónde están esas tardes largas que pintaban las horas de tus colores preferidos, y hacía que el sueño de arrullara más tarde. Ahora tu opuesto ha apagado el fuego de tus manos, ha pintado los pies de los olivos de un blanco helado, las cumbres se han vestido de un manto níveo y ha dejado las calles solitarias, con humo en los tejados, con árboles de mirada amarilla y consigue que sus ramas despeinen su melena con la lluvia y el viento.
Cuánto echo de menos tu alegría, ese compás sonoro de tus pasos en la arena descalza. En el agua donde la espuma bate su ritmo transparente y las olas arrullan suavemente la orilla de la playa. La fragancia de aromáticas plantas que con el céfiro perfuman los espacios en las noches tranquilas. El canto de las aves, que volvieron cuando la primavera se despertó, buscando el cálido mirar de tu sonrisa. Hoy quiero recordarte en este amanecer donde el frío ha extendido su manto helado y ha conquistado con su gélida mirada todos los rincones. Dónde te escondiste, dime, que no puedo sentirte, que no puedo más que imaginarte. Dónde te has marchado, ahora, sólo puedo recordar tu calor al andar en las sandalias de las tardes mimosas, de fragancia de rosa y madreselva. Dónde estás verano, que no me respondes...