Discursos políticos y posverdad
Nos encontramos a un mes escaso de iniciar un nuevo período electoral en nuestra Comunidad Autónoma de Andalucía y aunque los programas que presenten las diferentes opciones políticas pueden asemejarse a un “contrato”, versus “compromiso”, no es menos cierto que los representantes políticos no están vinculados a sus promesas desde el punto de vista jurídico, aun cuando desde una dimensión ética deberían estar obligados al cumplimiento de sus programas electorales como compensación a cambio del voto que reciben. Rendir cuentas de los últimos años de un gobierno tiene una gran relevancia como un ejercicio de transparencia y como medio de verificar la coherencia entre lo prometido y lo realizado, algo necesario en democracia para responder a las legítimas expectativas de los votantes. Por otra parte, en los próximos días nos hablarán de las promesas del futuro, de los años venideros, en los mítines programados y a través de los medios de comunicación y redes sociales, donde se mostrarán intencionalidades políticas y de emociones que aparecerán de manera explícita y que nos ayudarán a obtener una visión global de lo que los creadores de contenido (los políticos) nos quieren transmitir. Pero en realidad, son pocas las veces que analizamos las palabras de nuestros representantes políticos y nos dejamos llevar por la parafernalia de los escenarios que se diseñan a propósito de los discursos, los abrazos por doquier, los aplausos interminables, el culto a los líderes, que hacen que nos dejemos llevar por la emoción de sus tonos de voz, aun cuando lo que nos transmiten no signifique nada.
Es importante, por tanto, realizar un ejercicio de análisis de los discursos políticos (orales, debates, entrevistas, mítines, comunicados prensa y mensajes en redes sociales entre otros) y entender que no son simplemente una sucesión de palabras y frases que pretenden trasmitir un mensaje que genere respuestas en los interlocutores como puede ser el cambio de opinión. Los discursos políticos están más orientados a persuadir que a comunicar, es decir, buscan persuadir, informar, atraer y movilizar a una determinada audiencia para ganar apoyo electoral, ejercer una influencia en la opinión pública y justificar, si se puede, la adopción de determinadas medidas sociales y económicas fundamentalmente. Pero es en estos momentos cuando la ciudadanía debe reflexionar y realizar un análisis crítico de los discursos, aún a sabiendas que estamos mediatizados por la ideología, los valores y una intensa carga emocional. En estos últimos tiempos estamos asistiendo, a nivel global, a discursos polarizantes y extremistas que se vuelven cada vez más hostiles y agresivos, restando importancia al convencimiento racional y al respeto a los adversarios políticos. Todo ello hace que, cada vez con más asiduidad, nos planteemos si es posible hablar de verdades en los discursos políticos, entendiendo que debemos discernir entre lo que ha venido sucediendo en el pasado reciente, lo que se explica por parte de los políticos y lo que la mayoría de la ciudadanía cree, con el objetivo final de delimitar las posibilidades de verdad en los discursos. La reflexión platónica sobre la defensa de Sócrates muestra que la política, al depender del ejercicio de la opinión, es decir, del criterio de cada uno, mantiene una relación problemática con la verdad y que en la actualidad nos está llevando a la posverdad, entendida como el conjunto de afirmaciones que dejan de basarse en hechos objetivos para apelar a las emociones, creencias o deseos de la ciudadanía. Es una deformación meditada de una realidad, con la finalidad de influir en la opinión pública, manipulándola y dificultando la distinción entre realidad y ficción. Es el momento de analizar y evaluar los discursos que nos inundarán en los próximos días con una abundancia informativa inusitada, bajo la premisa de incrementar la búsqueda de la verdad y el alejamiento de la mentira institucionalizada y del predominio de lo virtual. En este contexto, hemos de estar atentos a las campañas negativas basadas en técnicas de posverdad, que facilitan la mentira y la repetición de nuevas promesas.