Desigualdad

16 ene 2026 / 08:34 H.
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No, no es la nuestra una sociedad igualitaria, sino que presenta fuertes desigualdades en la distribución de la renta y de la riqueza de las personas que la integran. No me cabe duda de que es hasta cierto punto lógico que existan diferencias propiciadas por las distintas capacidades de los individuos y familias para obtener renta y generar riqueza. Ahora bien, encontramos habitualmente distancias sociales que pueden ser calificadas como escandalosas, ya que mientras algunos cuentan con fortunas “indecentes”, otros muchos se hallan sumidos en la más absoluta pobreza y marginación. No es de recibo que, en nuestras sociedades democráticas en las que hay una participación igualitaria en los asuntos públicos, existan tales diferencias “siderales” en la renta y en la riqueza de los ciudadanos.

Son muchos los ejemplos que podemos traer a colación a este respecto. Así, un informe del World Inequality Lab revela que el 10% de la población mundial concentra el 75% del patrimonio. El estudio pone de manifiesto que, al día de hoy, el 0,001% de dicha población, apenas unos 60.000 multimillonarios, controlan tres veces más de riqueza que el 50% de la humanidad. Además, las diferencias no hacen más que crecer, de modo que los ricos son cada vez más ricos y los pobres lo son más. Oxfam Intermón, por su parte, en un nuevo y reciente informe analiza la desigualdad salarial en las 40 mayores empresas españolas, observando que la persona mejor pagada en cada una de ellas alcanza una retribución media de 4,37 millones de euros anuales, lo que equivale a 110 veces el salario medio de las respectivas plantillas, aunque en Prosegur la diferencia es de 395 veces y en Inditex de 364. Dicho en “román paladino”, que un empleado medio debe trabajar 110, 364 o 395 años para conseguir el salario que su jefe cobra en un solo ejercicio. No pierdo el tiempo en calcular los siglos que necesitaría para alcanzar la fortuna de Elon Musk, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Bernald Arnault, Larry Page y compañía. También en España tenemos a nuestros “ricos patrios”, tales como Amancio Ortega y su hija Sandra, Rafael del Pino o Juan Roig. No sé qué opinan ustedes, pero yo creo que estas desigualdades son, cuando menos, indecorosas, obscenas, groseras, impúdicas, inmorales, desvergonzadas, abusivas, humillantes, repugnantes o cualquier otro calificativo que se nos pueda ocurrir.

¿Cómo podemos medir el grado de equidad en la distribución de la renta y de la riqueza? Los economistas utilizamos para este fin el conocido como Índice de Gini, que refleja el grado de desigualdad en la distribución de los ingresos de una población. Su valor oscila entre 0 y 1. El valor 0 representa una igualdad perfecta, donde todos los individuos tienen la misma renta, mientras que el valor 1 pone de manifiesto una desigualdad total, donde una sola persona concentra toda la riqueza. ¿Cómo estamos en España en la actualidad? Nuestro Índice de Gini se sitúa en 0,31, según Eurostat, lo que nos pone por encima, es decir con mayor desigualdad, que la media de la Unión Europea (0,29). Los países con menor desigualdad son: Eslovaquia (0,21), Eslovenia (0,23), Bélgica (0,24) o República Checa (0,24), mientras que los que mayor desigualdad presentan son: Bulgaria (0,37), Letonia (0,34) y Lituania (0,33).

Terminemos con un ejemplo positivo y esperanzador del que hemos tenido conocimiento hace unas semanas. Mercadona va a conceder siete días más de vacaciones a cada uno de sus 110.000 trabajadores —pasan de 30 a 37— y una paga extraordinaria en el próximo mes de marzo, que se sumará a las que ya disfrutaban. Sin duda una decisión digna de elogio y que propiciará un mayor bienestar y capacidad adquisitiva de su plantilla. Ahora bien, poniendo las cosas en sus justos términos, digamos que la semana adicional de vacaciones tendrá un coste de 100 millones de euros y la mensualidad extra le supondrá otros 280, en una empresa que ha tenido un beneficio neto de 1.384 millones de euros en 2024 y cuyo propietario, Juan Roig, dispone de una fortuna, según Forbes, de 7.900 millones. En suma, “pecata minuta”, pero un gran ejemplo a seguir.

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