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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Cuentos chinos alcalaínos

Aveces la vida nos batibulea por estos lares alcalaínos sin saber muy bien adónde nos quiere llevar. Nuestros mayores se hacen más mayores y aunque su intención fue siempre quedarse en su querida Alcalá, la falta de plazas en la residencia de mayores, les obliga a salir de la tierra natal que los vio nacer y de la que se prometieron no abandonar. Ni siquiera la oleada de la emigración a Bilbao, Barcelona, Suiza o Alemania los animó a doblegar. A esta aún superviviente nuestra generación de hierro, los que con pico y pala levantaron Alcalá y sus aldeas, ahora cuando más necesitan nuestros cariño y la cercanía, no solo familiar sino vecinal, se tienen que ir, viendo cómo los de fueran ocupan las plazas que a ellos les corresponderían. Señores competentes en la materia, vuestros puestos están basados en su esfuerzo y lo que está pasando no tiene lógica, poned cordura en todo este despropósito y haced posible que los alcalaínos se queden en Alcalá. Nuestros mayores trabajaron de sol a sol para darnos todo lo que con sus manos podían trabajar, y su espalda doblegar como segando o escardando. ¿No se merecen más que nadie una residencia? ¿Hay que apuntar a los niños cuando nacen para que cuando la necesiten hayan cumplido con la lista de espera?