Con la magia en las manos

    08 ene 2026 / 08:25 H.
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    El frío se calaba en los cristales dejando gotas transparentes sobre su gélida superficie, el cielo en densos nubarrones detenía a la lluvia que dejó de caer. El calor del hogar paliaba el helado sentir de la duodécima noche. Mas el pueblo desafiando el algente del bullicioso espacio, abandonaba el confort de la morada, para un año más, dejarse envolver por la magia de la noche de Reyes. La música abría la cabalgata, compases navideños se dejaban sentir, mientas niños y adultos protegidos con prendas de abrigos, expectantes a lo que sucedía, experimentaban la alegría del bullicio y el encuentro con los Magos de Oriente. Los participantes ocupaban su lugar realizando fantásticamente su papel. Las carrozas iluminadas convenientemente iban avanzando y el júbilo que se había instalado dentro, se palpaba en el ambiente. Los recuerdos volvían una vez más llevando a la infancia a muchos de los espectadores que allí estábamos, y sintiéndonos niños una vez más, dejábamos que la fantasía pintara con su magia el corazón. La intriga y la emoción de la espera era como un compás rápido, todos sentíamos vibrar la imaginación y la noche iba avanzando en las gélidas horas. La alegría había pintado con su luz las sonrisas, los niños soñaban con qué encontrar al día siguiente, y se preguntaban si hallarían aquello que habían dejado escrito en la carta a sus majestades. Las luces habían encendido sus formas alumbrando con sus destellos las calles. Las capas transparentes, los muñecos gigantes, las danzas sin abrigo, la música, los colores brillantes, los globos, las pompas de jabón, las carrozas de los Reyes Magos, el establo de Belén con la Sagrada Familia, el faraón con su corte, los muñecos de nieve, el latir fuertemente de los corazones... Todo era un compendio de emociones, en los que la sorpresa aparecía y desaparecía, se escondía y se asomaba. Y yo volví a aquella primera cabalgata de mi infancia, a la espera, donde tenía siempre la certeza de un beso en la mejilla de mi rey favorito, cuando ya dormida, Baltasar se acercaba y me dejaba aquellos juguetes que le había pedido. Un año más, pude volver a vivir la sensación de soñar
    con la magia en las manos.

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