Autocuidado emocional
Qué se puede escribir un 2 de enero sino una lista de propósitos para el año que acabamos de estrenar? Con la mente aún espesa y el estómago resentido por tanta comida y bebida, nos movemos despacio hacia un nuevo periodo de tiempo, el que tarda la Tierra en dar la vuelta al Sol. Atravesamos esa línea imaginaria que nos separa del porvenir, pero seguimos siendo los mismos, con idénticos defectos, por lo que es poco probable que cumplamos con esa lista. Aún así, no está mal escribir en una libreta las acciones que pretendemos llevar a cabo para ser otros, esos seres ideales que solo habitan en el futuro. Apuntarnos al gimnasio, practicar el ayuno intermitente, no discutir con la familia, pedir un aumento de sueldo, aprender inglés de una vez por todas, coger menos el coche y caminar más, hacer yoga para controlar nuestro nivel de estrés, mirar menos el móvil, etc. Cuando escribimos lo que sentimos y a lo que aspiramos, hacemos una radiografía de nuestra vida, repasamos todo aquello que nos falta. A veces, esa lista es demasiado material, refleja solo el deseo de mejorar nuestra apariencia para agradar a los demás. Hagamos una reflexión profunda sobre esto y procuremos que el autocuidado emocional tenga un lugar destacado en esa lista de deseos. ¡Feliz Año Nuevo!