Aún no es tarde
Que vivimos en un mundo polarizado, de sangre helada, falto de empatía y atrapado en un ecosistema informativo cuyo objetivo es el odio y la desestabilización, hace por desgracia mucho tiempo que ya se sabía. Que acarreamos en nuestra espalda la carga de pagar las consecuencias de un sinfín de crisis, de cosas y acontecimientos que siempre nos cuesta dinero y sacrificio, también lo sabíamos y lo aceptamos conscientemente porque ese es el estilo de esta sociedad feroz y capitalista. Sabemos con casi total seguridad que estamos perdiendo quizá el último instinto que nos queda, y que no son pocos los motivos que nos impulsan a enfrentarnos no ya por la supervivencia individual o colectiva, sino por la codicia y el poder de posesión. Tenemos la terrible sensación de que cada día somos peores personas y aunque andamos por los mismos caminos, cada cual va a lo suyo, y todos sin remedio directo vamos a la deshumanización. Vivimos tiempos insolidarios y tristes en los que parece que la esperanza ya no existe, pero cuando uno ve con qué urgencia y cariño ha actuado la gente de Adamuz tras el accidente ferroviario, podemos soñar con que quizá aún tengamos remedio.