Arturo Morales Daza
Aunque no lo parezca porque sigue siendo un chaval, a Arturo Morales Daza le ha llegado la jubilación tras más de cuarenta años en el Colegio de Abogados; vino en 1984 muy jovencito, para atender el recién nacido Turno de Asistencia al Detenido que exigía al Colegio atención telefónica permanente para asegurar la asistencia letrada en todos los centros de detención y órganos judiciales; fue un reto que hube de organizar recién llegado como Secretario y encontré en Arturo la persona idónea; con apenas 21 años, sin teléfonos móviles atendía siempre abriendo caminos sin queja ni incidencias. Conocí su entorno, a su madre, una gran mujer abnegada; asistí a su boda y, desde entonces, le tengo en alta estima. En los años que dediqué al Colegio —como Secretario y Decano— fue un empleado ejemplar; jamás recibí de ningún juzgado, cuartel o comisaría protesta alguna y hacía fácil la prestación del servicio; su disponibilidad, su cercanía y amabilidad han sido proverbiales y deja honda huella en el Colegio y en los abogados. Ignoro a qué vaya a dedicar el tiempo libre de su merecido descanso, pero estoy seguro que ni olvidará su paso por el Colegio ni los abogados nos olvidaremos de él.